Daniel Asuaje / La estrategia del escorpión

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Corrían los primeros tiempos posteriores al plebiscito chileno y tres eran los líderes  presidenciables indiscutidos: Ricardo Lagos, Eduardo Frei y Patricio Aylwin. Era imperioso llegar a un acuerdo para que el sector democrático presentara un candidato único. Los tres tenían credenciales suficientes para aspirar. En cierto momento de la reunión definitiva, Lagos le dice a  Aylwin: Yo soy mejor candidato que Ud., pero Ud., sería mejor presidente que yo, por lo que decido darle mi respaldo para que sea el candidato. Y así fue como se decidió quién sería el primer presidente pos Pinochet. Lo interesante de esta historia es que los tres fueron presidentes a su tiempo porque se pusieron de acuerdo en quién sería el primero. Esta gallardía es necesaria entre nuestros dirigentes: dejando ganar, ganamos todos. Si no hay unidad para elecciones libres ninguno de ellos llegará a gobernar.

 Fue K. Adenauer quien dijo que los males de la democracia se curan con más democracia, con lo cual puso sobre la mesa de discusión si los males del autoritarismo se curan con más autocratismo, cosa en la cual parecen creer quienes nos gobiernan pero, en todo caso, olvidó ajustar esta afirmación a lo dicho por Paracelso, médico medieval, quien sentenció que todo es bueno o malo según sea la dosis, anticipándose en varios siglos a la tesis de P. Watzlawick en su famoso libro Lo Malo de lo Bueno donde muestra cómo la bondad de una dosis de medicamento o de cualquier otra cosa puede ser algo muy pernicioso en caso de  excederse en la cantidad prescrita. Las primarias son un ejercicio democrático, pero en esta ocasión sirvieron para dividirnos más.

Las reflexiones anteriores nos lanzan de lleno a la  discusión metodológica de cómo salir de la crisis en la que estamos inmersos, porque si nuestros dirigentes no atinan a ponerse de acuerdo  bien es bueno recordarles que si los líderes se tornan incapaces de conectarse con la gente, la gente termina conectándose con otros que les sean más afines a sus querencias y clamores. La respuesta a por qué no hay un liderazgo que aglutine a la mayoría de los venezolanos y tengamos al bosque de los siete enanitos en popularidad, pero sin Blancanieves, es porque todos ellos han sido inefectivos en sus estrategias por conquistar a la gran mayoría y porque han sido muy habilidosos en enlodarse por turnos unos a otros olvidando lo que una vez dijera T. Petkoff siendo candidato presidencial del MAS: si lo que dice AD de Copei es cierto y lo que dice Copei de AD es verdadentonces ninguno tiene autoridad moral para gobernar; con lo cual prepararon la matriz motivacional para querer que fuera Chávez quien gobernara. Mucha razón tenía Santillana cuando dijo que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla.    

Y es que si de citas va la cosa lo anterior nos recuerda que, entre otros, Einstein postuló que no se pueden obtener resultados distintos haciendo las cosas de la misma manera. Al gobierno bien le haría considerar que si con controles y coerción hemos llegado a estas playas, no será más del mismo tratamiento lo que nos saque del atolladero y, por su parte, la oposición bien le haría reflexionar que para cambiar el pronóstico de sus resultados, bien nos haría a todos que ensayara conducirse de modo más coherente y concertado. No es que neguemos que haya habido progreso, es que los obtenidos en estos casi veinte años nos lucen insuficientes en un ciclo interminable de protestas, avances y retrocesos en donde lo avanzado termina engulléndolo el régimen.    

Podríamos extender hasta el infinito la procesión de citas y encontraríamos la adecuada para cada afirmación y, también, para su simétrico contrario. En la Venezuela de hoy podemos encontrar indicios  en pro y en contra de los distintos escenarios que apuntan hacia la salida de la presente crisis y quienes suscriban vehementemente unos u otros. Que no haya acuerdo unánime en torno ellos se revela como una expresión más de la incertidumbre y confusión que nos signa en estos momentos. Yo no soy dueño de la receta, por eso delego en nuestros liderazgos esa responsabilidad y tarea. Lo que exijo a cambio es que se sintonicen más allá del verbo con nuestras calamidades.

De nuevo estamos en un proceso electoral que disfraza de democrático al régimen y ante el cual gruesos sectores de la población se sienten desanimados. Los procesos electorales son eventos donde lo emocional signa la decisión, y en nuestro caso la frustración por no ver  coronado el anhelo de cambio promueve en muchos desánimo, desesperanza y rabia. Si el liderazgo opositor no conjura su promoción, por parte del gobierno se tornará en ausentismo peligroso. Urge que el liderazgo se sintonice con esos sentimientos y convierta al voto en expresión de la esperanza, motivación al logro, en rabia castigadora al gobierno y no en abstención que  sancione a todos con peor de lo mismo. El escorpión tiene una ponzoña con la que ataca y  cuando se ve perdido se la clava a sí mismo. No lo seamos.

dh.asuaje@gmail.com

@signosysenales 

Fuente: El Universal

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