Clodovaldo Hernández / Tras la derrota diplomática, cabe esperar cualquier cosa de la Oposición

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A la oposición imperialista, las derrotas diplomáticas les duelen más que otras. Esto se debe a varias razones.

La primera es que el internacional es el principal escenario de sus luchas, al que van dirigidas todas sus estrategias y tácticas internas. Por ello, perder en este coto es muy deprimente. Tras una derrota diplomática, cabe esperar cualquier cosa de la oposición local.

Por otra parte, el internacional es el escenario por excelencia del imperio, es decir, de los jefes verdaderos de la oposición nacional. Se supone que allí nunca deberían perder. Pero pierden. Y luego de un fracaso, los imperios siempre son más peligrosos.

Hay una razón que merece un análisis más detallado, pues tiene que ver con la autoimagen de la dirigencia y de buena parte de la militancia del antichavismo. Está profundamente imbricada con la supremacía racial, social y académica que profesa este sector político de la sociedad. Veamos cómo funciona en este caso: se supone que en el campo de la diplomacia mandan los más inteligentes, los más ilustrados, los que saben comer en una de esas mesas de mantelería fina, que vienen con nueve cubiertos y tres copas. Esas personas, en el escenario nacional, no son otras que ellos y ellas. Resulta inadmisible que en un terreno reservado a la gente exquisita, triunfen los ordinarios, los brutos, los que no pasaron del bachillerato.

En los primeros tiempos del comandante Chávez, la rabia de los sabihondos por el hecho de que un teniente-coronel llevara las riendas de las relaciones internacionales hizo que más de uno de los especialistas en temas mundiales sufriera ataques severos de urticaria. Pero la situación llegó a los límites de la histeria cuando decidió designar canciller a Nicolás Maduro, cuyo oficio de origen fue conducir autobuses.

En ese tiempo cree un personaje coral para mis columnas de opinión, al que llamé los EE-sin-E, suerte de siglas de un ficticio club de los Excelentísimos Embajadores sin Embajada, formado por antiguos integrantes del cuerpo diplomático e internacionalistas de alto coturno, que actuaban como analistas recurrentes en programas de radio y TV. En el grupo había ex funcionarios de carrera, que alcanzaron altos cargos mediante ascensos (merecidos o jalados, ese no es el punto en este caso); y algunos que fueron embajadores sin carrera, designados a dedo, pero en la IV República, lo cual, según su propio punto de vista, les daba un aire de prestigio. Uno de esos caballeros recibió muchas felicitaciones de los otros integrantes de la EE-sin-E porque inventó una manera despectiva y burlesca de mencionar a Maduro: “el Conductor de la Cancillería”.

Lo terrible para los EE-sin-E es que durante el tiempo en que Chávez fue presidente y, sobre todo, en la época de Maduro como ministro de Relaciones Exteriores, Venezuela se anotó una serie de éxitos que solo la mezquindad más necia puede negar: creación de Petrocaribe, ALBA, CELAC, Unasur, ingreso a Mercosur, aumento del peso específico de Venezuela en la OPEP. También fueron años en los que la diplomacia venezolana le propinó derrotas a EEUU en políticas largamente trabajadas con sus aliados (perros de alfombra, diría el de Perú), como  fue el caso emblemático del ALCA.

Al fallecer Chávez, los EE-sin-E apostaron a que desaparecería también la influencia de la Revolución Bolivariana en la escena exterior. Además, en vista de la baja de los precios del petróleo, decretaron la caída definitiva, alegando que todas las conquistas anteriores habían sido producto de la “petrochequera”. En particular se sintieron envalentonados al ver cómo el uruguayo Luis Almagro se entregó a los planes imperiales, luego de haber llegado a la secretaría general de la OEA gracias al apoyo de una alianza de fuerzas antiimperialistas. Sin embargo, para despecho de los EE-sin-E, Maduro lleva ya cuatro años como “conductor” de la política exterior venezolana y ni siquiera las conjuras más costosas ni los chantajes más evidentes han sido suficientes para derrotar las posiciones venezolanas en los organismos internacionales. Muy por el contrario, Venezuela detenta actualmente posiciones muy importantes en varias agencias de la ONU y en otros entes multilaterales.

En el más reciente episodio generador de furia infinita para los EE-sin-E, los esfuerzos de EEUU, con el apoyo de sus viejos y nuevos aliados latinoamericanos, fracasaron una vez más, a pesar de la macabra estrategia orquestada para, de forma paralela, como telón de fondo, producir violencia y muerte en las calles de Venezuela.

Esa derrota les ha dolido particularmente a los arrogantes voceros de la derecha. Tanto les dolió que algunos desempolvaron el argumento de la petrochequera, ahora más difícil de digerir, pues se supone que somos un país en bancarrota y al borde de la hambruna. Tanto les dolió que perdieron toda la compostura diplomática y salieron a proferir maldiciones para que la tormenta Brett borrara del mapa a los países del Caribe que se negaron a participar en la cayapa contra Venezuela. Les dolió tanto que no les quedó otra opción que volver a los ataques personales (racistas y machistas) contra la canciller saliente, Delcy Rodríguez. Les dolió tanto que tuvieron que enviar perros rabiosos a provocar incidentes con el nuevo canciller, Samuel Moncada, eventos alcahueteados, dicho sea de paso, por el gobierno mexicano.

Tanto les dolió que de inmediato, arreciaron la violencia en las calles y se declararon en desobediencia tipo 350.

Tanto les dolió que más vale estar preparados para cualquier cosa.

(Clodovaldo Hernández / clodoher@yahoo.com)

Fuente: La Iguana Tv

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