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Clodovaldo Hernández / ¿Perro guardián o perra consentida?

Cortesía de: El Universal

Cortesía de: El Universal

La prensa tradicional latinoamericana, esa que se ufana de ser independiente, está al servicio del imperialismo estadounidense?

Para quienes han estudiado este tema desde la óptica de la izquierda, no cabe duda de ello. Incluso, lo consideran una verdad de Perogrullo. Para muchas otras personas, con posturas ideológicas menos radicales, tal sentencia es una típica exageración comunista.

Un ejercicio comparativo puede ayudar a darle a esta discusión un piso menos subjetivo. Veamos un ejemplo en caliente de dos acontecimientos noticiosos sobre un mismo tema, muy cercanos entre sí en la línea del tiempo. El primer hecho es la presentación de la “lista negra” de Estados Unidos acerca de países que no respetan los derechos humanos; el segundo es la comparecencia de Washington ante el Consejo de Derechos Humanos, organismo de las Naciones Unidas encargado del Examen Periódico Anual sobre ese particular.

Como todos los años, cuando EEUU presentó (en abril) su unilateral informe sobre los países que no respetan los derechos humanos, la prensa latinoamericana en general -y la venezolana en particular- le hizo un tremendo coro. Despliegue de grandes titulares, páginas enteras dedicadas al tema, búsqueda de reacciones locales, entrevistas por aquí y por allá, densos artículos y mortíferos editoriales. 

En los medios venezolanos se hizo énfasis en que Cuba y Venezuela se habían mantenido en dicha lista. El tono era de denuncia, de indignación.

Pocas semanas después, EEUU presentó su examen sobre derechos humanos ante el ya referido organismo multilateral, reconocido como la autoridad mundial en el tema. El país que se postula a sí mismo como adalid de los derechos humanos salió aplazado feamente en dicho examen. Revolcado, tal vez sería una palabra más precisa. ¿Y qué hizo la prensa libre? Una parte de los medios simplemente ocultó el hecho, no consideró que fuese un tema noticiable. Otros, un poco menos impúdicos, le dedicaron pequeñas notas, no muy destacadas en las páginas interiores, con títulos pequeños y sin llamados en primera página. No buscaron a expertos ni entrevistaron especialistas. Al día siguiente, tema olvidado y a otra cosa, mariposa.

La prensa que posa de independiente se esfuerza para legitimar a EEUU en su papel de policía, juez y referencia moral del resto del mundo. Para ello hacen grandes aspavientos con las arbitrarias certificaciones que los funcionarios estadounidense emiten no solo sobre derechos humanos, sino también sobre tráfico de drogas, trata de personas, seguridad aeroportuaria y cualquier otro tema imaginable. No contentos con otorgarles esa autoridad, los medios se esmeran en cuidarle la imagen a los poderes imperiales, tratando de silenciar o de cuestionar cualquier información u opinión que pudiera menoscabarla. 

No es una conducta ética, pero es coherente. Si merma la credibilidad de EEUU como ejemplo digno de imitar, se daña una de las mejores armas de las que disponen para atacar a los gobiernos de izquierda o, simplemente, que mantienen posiciones nacionalistas y soberanas. Para “vender” su modelo de economía y su cosmovisión necesitan que EEUU sea un ícono incuestionable.  

Para quienes fueron víctimas del silencio mediático -o de las versiones descafeinadas- baste decir que en el Examen Periódico Universal llevado a cabo en Ginebra, el 11 de mayo, a EEUU lo criticaron por ser un país reacio a firmar hasta los tratados más elementales en materia de derechos humanos, tales como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, un instrumento legal internacional que está en vigencia desde 1976 y es visto por los expertos como la piedra angular del sistema de derechos humanos de la ONU.

Quedó en evidencia en Suiza que EEUU es el único país del mundo que no ha ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño. Tampoco ha ratificado la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer ni la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Por otro lado, no solo no ha firmado, sino que tampoco piensa firmar el Estatuto de Roma, mediante el cual se creó la Corte Penal Internacional. Por ello, ningún estadounidense podría ser sometido alguna vez a un juicio, aunque haya cometido delitos de lesa humanidad.

Adicionalmente, EEUU fue acusado de una ristra de violaciones a los derechos humanos, como actitudes racistas de policías, fiscales y jueces; torturas y detenciones arbitrarias en nombre de la seguridad del Estado; personas privadas de libertad por razones políticas; trabajo esclavizado de niños, inmigrantes y presos; y crímenes teledirigidos mediante el uso de alta tecnología. Los medios “independientes” se encargaron una vez más de barrer bajo la alfombra.

“Antes, la prensa se sentía orgullosa de ser el perro guardián de los poderosos del mundo -dice el cáustico Estrangulador de Urapal. Ahora no pasa de ser su perra consentida”.

clodoher@yahoo.com

Fuente: El Universal

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