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Clodovaldo Hernández / La subestimación de Maduro

A buena parte de la dirigencia de la oposición, a muchos analistas y –sobre todo– a cierta clase media autoengañada, que se cree superior intelectual y académicamente, les está pasando con el presidente Nicolás Maduro lo mismo que les pasó durante tantos años con el comandante Hugo Chávez: siempre lo subestiman.

Y no hay advertencia ni consejo que valga acerca de lo contraproducente que es menospreciar al adversario. Se tropiezan casi todos los días con la misma piedra.

El desprecio de las élites dominantes (internas y foráneas) fue uno de los factores que favoreció la expansión del liderazgo de Chávez hasta dimensiones mundiales. En el plano doméstico, a la vuelta de pocos años y pese a la dosis diaria de descalificaciones, se había tornado invencible. Solo la fatalidad pudo derrotarlo. El buque insignia del desprecio de la élite por el comandante era aquel presentador de televisión que presumía de gran tecnócrata (¿cómo es que se llamaba… era un tipo de bigoticos y lentes…?), quien se refería al jefe del Estado como “el teniente coronel”. Ese grado intermedio del escalafón militar era para ese señor un sinónimo de mediocridad… Pues bien, propios y extraños concuerdan en decir que el nombre de Chávez quedará para siempre como el de uno de los más influyentes de la historia militar del país, y para eso no le hizo falta tener soles en las charreteras… vea usted lo estúpido que es mirar por encima del hombro.

Bueno, pero vamos a lo que vamos: a Maduro lo desprecian aun de peor manera porque, como bien se sabe, manejaba un autobús. Lo desestiman de una manera tan ofuscada que no pueden ni siquiera percatarse cuando el hombre les está ganando un round. Por ejemplo, ahora.

El Presidente llegó a su segundo mensaje anual ante la Asamblea Nacional en una situación crítica: precio del petróleo en caída libre, desabastecimiento, escasez, inflación… solo malas noticias por decir y sin mucho de dónde agarrarse. Y, a pesar de todo eso, logró escapar ileso del trance e, incluso, pasar a la ofensiva en varios planos. Son señales de que el mandatario maneja ya eficazmente ciertos recursos en los que su padre político era un verdadero artista. En el lugar de la oposición, yo pondría cuidado, en vez de perder el tiempo escribiendo tuits burlescos y ultrajantes.

Analicemos a grandes rasgos: Maduro tenía que anunciar recortes drásticos en eso que suele llamarse “el gasto social”, pero, por el contrario, anunció aumentos salariales y de pensiones, mejoras en becas y más viviendas. Tenía que anunciar una maxidevaluación y mareó a la audiencia con una cuestión ahí de tres tipos de cambio, que dejó a unos cuantos sacando cuentas con los dedos. Tenía que anunciar unas medidas concretas para capear el temporal de la baja de los precios petroleros, y terminó predicando con el libro de Filipenses. Es el tipo de cosas que hacía Chávez, apoyándose en su genio político y su dominio histriónico. El presidente Maduro no llega a esos niveles (él mismo lo sabe y lo dice abiertamente), pero se nota que está haciendo un gran esfuerzo. Y la oposición, mientras tanto, se autosatisface con el ingenio de sus hashtag.

Maduro no se conformó con salir bien librado de lo que pudo ser un episodio terrorífico. Se dio el lujo de golpear duro a la oposición por la irresponsable actuación en los días de la guarimba, en 2014. Paralelamente, hizo nuevos llamados al diálogo y anunció comisiones para buscar consenso en asuntos espinosos. Luego, en un acto cercano a la magia (porque rozó la irrealidad) se remontó a los tiempos en los que Mario Silva era “el señor de la noche” y puso al aire en cadena nacional y en momentos de máxima expectativa uno de esos diálogos escatológicos en los que el ala pirómana de la oposición muestra sus peores llagas.

Al día siguiente, la dirigencia opositora lanzaba una declaración por aquí y otra por allá, sin mucho orden ni coherencia. Tratando de ser irreverentes, unos hasta osaron dudar de la ayuda divina que ha de manifestarse (¡gente de poca fe!). Mientras tanto, los vivarachos de siempre estaban muy ocupados intentando averiguar cómo será el sistema cambiario triple para encontrar rápidamente la fórmula de su próximo jugoso negocio (ésos sí están segurísimos de que Dios proveerá). Habrá que esperar las encuestas para saber qué pasó con el mensaje presidencial en el movedizo terreno de la opinión pública, pero escuché a gente en la calle que hablaba más que nada del aumento salarial y de los bocones que estaban planificando, por teléfono, un saqueo y una matazón. “¿Viste el video que puso Maduro?”, se preguntaban algunos y yo, no sé por qué, me acordé de La Hojilla.

clodoher@yahoo.com

Fuente: El Universal / domingo 25 de enero de 2015 12:00 AM

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