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Clodovaldo Hernández / Había una vez un cerco mediático

Cortesía de: El Universal

Cortesía de: El Universal

Vamos a ver si puedo explicar lo que entiendo de la denuncia de la oposición y los dueños de medios privados opositores sobre un cerco mediático: parece que el cerco lo inventaron ellos, lo criaron ellos, lo engordaron ellos, era de ellos… y el gobierno se los expropió. O sea… 

Es un poco raro, como todo en estos tiempos, pero el cuento es así: hace algunos años, el antichavismo era dueño y señor de casi todos los diarios, casi todas las radioemisoras y casi todas las televisoras. Por eso el aparato comunicacional en su conjunto era una maquinaria rabiosamente contraria a la Revolución. Tanto era así que en 2002 los militares que dieron el “golpe en Estado” (recuérdese que actuaron preñados de buenas intenciones) confesaron en el fragor de su euforia que no dispararon balas sino falsas noticias. [Fueron muy buenos estrategas para la primera fase de la guerra de cuarta generación, es decir, para derrocar a un gobierno, pero al parecer no estudiaron bien las clases relativas a cómo mantenerse en el poder… pero ese es otro tema].

En aquellos tiempos, con la derecha como administradora plenipotenciaria del cerco mediático, todos -presuntamente- éramos felices y comíamos perdices. Bueno, no todos, porque el gobierno chillaba al constatar que los únicos cañones que tenía para defenderse de tan fiero acoso eran “de la guerra del 14”, como decía mi difunta y siempre recordada amiga Elba Quiroz: Venezolana de Televisión y Radio Nacional. Y con esos corroñosos pertrechos tenía que enfrentar la opulencia comunicacional de Venevisión, RCTV, Televen y la demoníaca Globovisión; a los principales periódicos nacionales y regionales y a miles de emisoras de radio AM y FM.

Esto sucedió así hasta que a alguna mente maliciosa dentro del chavismo se le ocurrió la idea de desmantelar ese cerco utilizando el viejo recurso de meterle cuñas del mismo palo. Ya que esos medios primero que nada son negocios y los dueños primero que nada están interesados en la plata, comenzaron a comprar a algunos de ellos (a los medios, que quede claro), una operación inobjetablemente capitalista, aunque hecha a nombre del socialismo (otra cosa rara para la colección, pues). Bueno, sea como sea, ahora los del gobierno son los dueños del cerco y quienes chillan son los opositores.

Por esas ironías de la política que siempre salen a relucir, la denuncia opositora sobre el cerco mediático sirve así perfectamente para demostrar que el gobierno de Hugo Chávez tenía razón al satanizar a aquella gavilla de medios que se confabulaban contra la Revolución. 

Si queremos encontrar una explicación pragmática (no necesariamente ética) del cerco mediático que hoy denuncian los opositores es necesario rebobinar y rememorar los desmanes de la prensa en años como 2001 y 2002, perpetrados desde una posición absolutamente hegemónica. ¡Uf, qué cercos aquellos! 

El afán de cerrarle el paso a Chávez era tan grande que los diarios dejaron de competir entre sí y a veces los jefes hasta se ponían de acuerdo para presentar el mismo título de primera página, los mismos entrevistados, los mismos temas caricaturizados. Luego del desastre económico causado por el paro llamado cívico de finales de 2002 y comienzos de 2003, inclusive llegaron al extremo de usar los mismos camiones para transportar los diarios competidores. Se los juro por un puñado de cruces.

Luego del referendo revocatorio de 2004, el gobierno hizo las paces con el señor Cisneros y con ese gesto le tumbó una parte al cerco. Después de ir por las buenas con Venevisión, fue por las malas con RCTV y ¡zuas!, otro pedazo de cerco menos. Paralelamente, desde 2003, el gobierno comenzó un lento proceso de conquista de espacios comunicacionales. Modernizó los cañones corroñosos de VTV y RNV, creó nuevos medios y estableció redes de órganos de difusión comunitarios.

Y así llegamos a estos últimos años, cuando varios medios que eran fundamentales en la estructura del cerco comunicacional antichavista han cambiado de manos y de líneas editoriales e informativas. La dirigencia opositora, acostumbrada a la maquinaria rabiosamente antigubernamental de otros tiempos, no se halla en este nuevo escenario. Viven quejándose de que ya no salen tanto como antes en los medios y culpan de eso al rrrégimen y a sus perros de paja neomediáticos.

Significativamente, desde el corazón mismo de uno de los medios que se ufana de seguir en la lucha contra el gobierno bolivariano surge una advertencia: es posible que el cerco comunicacional más que del gobierno sea una cosa de los públicos, de las audiencias, de los lectores. En efecto, el intelectual Elías Pino Iturrieta dijo recientemente en un foro que “los cercos a la libertad de expresión son un problema medular para cualquier sociedad, pero no significan mucho si a la gente no le importa que existan”. Y luego, utilizando un mexicanismo, agregó: “Sabemos que sin medios no hay democracia, pero si no le importa a la gente, esto se lo llevó la chingada”. Que su palabra vaya adelante.

clodoher@yahoo.com

Fuente: El Universal

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