.intrinsic-container { position: relative; height: 0; overflow: hidden; } /* 1160x200 Aspect Ratio */ .intrinsic-container-1160x200 { padding-bottom: 17.24%; } .intrinsic-container iframe { position: absolute; top:0; left: 0; width: 100%; height: 100%; }
Home / Noticias / Opinión / Carlos Raúl Hernández / Carlos Raúl Hernández / Unidad, Shakespeare y Maquiavelo

Carlos Raúl Hernández / Unidad, Shakespeare y Maquiavelo

Los autoritarismos retroceden en el tiempo la vida y la dignidad humanas a la Edad Media y eso aplica a situaciones actuales de países que viven sus miserias. Es innecesario refrescar las atrocidades de gobiernos en aquella y otras etapas de la historia. Pero la verdad política hace llagas y al primer estudioso que realiza la hazaña de desnudarla, Maquiavelo, se le recuerda como un torvo criminal del pensamiento, pese a ser un hombre honorable, de vida modesta y austera, cuya obra describe lo que todos sufrían. Según Ernest Cassirer lo denigran más de cuatrocientas veces en la literatura isabelina. El personaje del duque Gloucester, futuro Ricardo III en la obra Enrique VI de Shakespeare dice “…soy capaz de añadir colores al camaleón… de enviar a la escuela al sanguinario Maquiavelo”. También lo agravia el violento alter ego de Shakespeare, Cristopher Marlowe.

Dice que “aunque el mundo piensa que Maquiavelo ha muerto/todavía su alma flota sobre los Alpes /yo soy Maquiavelo”. Es muy posible que éste se haya inspirado en Isabel la Católica, que, con su adorado tormento, Fernando, se parecen como gotas de agua a El Príncipe (que lo aclare, por favor, mi admirado amigo José Rafael Herrera) Más tarde Elizabeth de Inglaterra parece haberlo leído y estudiado. Ambas manejaron el poder con genialidad incomparable y derrotaron a sus enemigos. Shakespeare luce como un continuador de Nicola. Lleva al teatro los crímenes dinásticos y las intrigas de la nobleza y desde entonces el enteco libro florentino sangra, suda y llora todos los días en algún escenario del mundo. Maquiavélicamente se resguarda de las garras venenosas al presentar sus personajes como reyes de otras épocas y lugares.

Todo tirano es deforme

Ricardo II, Ricardo III, El Rey Lear, Julio César, Antonio y Cleopatra, Coriolano, Hamlet, Tito Andrónico  y Macbeth  son sus obras más políticas. El poder es  ejercicio de la fuerza, de la astucia sin escrúpulos, tiránica, y la respuesta de los enemigos es del mismo tenor. Habilidad ilimitada para conseguir objetivos, no cometer errores infantiles. Construye el personaje de Ricardo III con opiniones de los Tudor y un libro de Thomas Moro que lo describen deforme por dentro y por fuera. Confabula con su hermano el rey para liquidar a otro hermano, Clarence encarcelado en la Torre de Londres y sus asesinos lo ahogan en un tonel de vino. Maniobra y a sus sobrinos, los jóvenes príncipes los hace declarar bastardos para sacarlos de la sucesión y desaparecen en la Torre de Londres. Maquiavelo y Shakespeare despedazan la visión idílica de su ejercicio que los monarcas europeos habían esparcido.

Y así sus obras se colocan en el centro de un debate esencial para la historia, entre tiranía y democracia que se mantiene hasta hoy. Juan Bodino, William Barclay, Jacques Bossuet, plantean que la autoridad suprema, la maiestas, está fuera del control jurisdiccional del derecho positivo -como los revolucionarios de hoy-, de la ley y por encima de la comunidad porque recibían su autoridad del Creador (que hoy podría leerse “pueblo”). Los criterios del Príncipe son atribuibles a Dios y hay que servirle sea bueno o malo. Quien se rebele a un mal rey “seguramente se condenará… porque se resiste a una orden  Divina” “…el pueblo debe… obedecer los mandatos del lugarteniente de Dios sobre la tierra”. Pero la Iglesia desafía esta pretensión de divinizarlos. Hasta pasada la Edad Media las confrontaciones y guerras entre el Papado y los príncipes seculares son permanentes.

La Iglesia en lucha

Dominicos y jesuitas, Santo Tomás, Francisco Vittoria, Domingo Soto, Fernando Vásquez, Francisco Suárez y Luis Molina escribieron que “el poder debe emanar de la elección humana”. Explicaron “la necesidad de que el pueblo consienta antes que algún gobernante pueda ser instituido”… “el pueblo delega sus poderes a alguien por el bien común”… “el poder de todo gobernante debe estar en armonía con la voluntad y la aprobación”… “como todos los hombres nacen libres…nadie tiene jurisdicción política sobre ningún otro…nadie tiene derecho sobre ningún otro”… “el Rey está obligado a guardar y hacer guardar las costumbres de su país”. Bracton dijo que el rey tenía dos superiores: Dios y la ley. Para él la autoridad real es el derecho y no la injusticia. Actuar moral y jurídicamente procede de Dios mientras la tiranía solo puede ser del demonio.

Inglaterra fundó y preservó hasta hoy la libertad medieval, constitucional. Su base es la Carta Magna Libertatum de 1215, acontecimiento base de la civilización occidental y democrática: la teoría del poder limitado o poder constitucional. Hayek definió la libertad como “ser regido por leyes y no por hombres” y ese es su sentido universal y atemporal. Es la que defiende Shakespeare, quien  vive el fin de la Edad Media, encarna el renacimiento británico y el comienzo de la sociedad moderna en el período de la gran crisis en los conceptos de poder, política y  libertad. Pero por la demencia y la ambición de marrulleros y los errores políticos de los demócratas, esa confrontación no termina. Aquél que viva  la incapacidad, arbitrariedad y crueldad de un déspota, recuerde que solo la vocación de lucha no basta. Debe combinarse con habilidad política para ganar.

@CarlosRaulHer

Fuente: El Universal

Facebook Comentarios
x

Check Also

Ramón Hernández / La patria fue entregada, no vendida

La revolución que se inspira en Marx y Engels, la que proclama el fin de la historia, el cambio definitivo para que más nunca ...