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Carlos Raúl Hernández / ¿Sabe Ud. qué es el Síndrome X?

Cortesía de: El Universal

Cortesía de: El Universal

Los otrora indignados en Grecia pasaron a la categoría de estafados, una vez que Alexis Tsipras, su Primer Ministro, llama a votar NO en el referéndum para luego misteriosamente engañar y defenestrar a su carnal Varufakis, los ministros recién nombrados que lo acompañaron en tal irresponsabilidad y a todos los votantes. Hoy en el partido aparecen tendencias a la división. En ninguna lógica política se entiende burla tan sangrienta, que no anuncia nada bueno sobre la cabecita del “líder”. Los españoles cada día aprenden mejor las truculencias y enredijos de Pablo Iglesias, mientras la sociedad en conjunto, al lado de la portuguesa, avanzan en la recuperación, sorteadas las aguas turbias revolucionarias. En otra parte del mundo los habitantes de Níger, Liberia, Zaire, Burundi, Lesotho, Sierra Leona o Zambia, como balance del “socialismo africano”, son la encarnación del concepto de miseria atroz. 

Tienen un ingreso per cápita anual de 500 dólares o menos, una ingesta diaria por debajo de mil calorías, y mueren de males curables y hambre antes de los 35 años. En el otro extremo de la vida humana, un grupo de países con ingresos de entre 33 mil y 40 mil dólares, tienen expectativas de vida de –cerca– 80 años, mientras un natural de Suazilandia vive apenas 31 años. Unas sociedades son hoy desarrolladas porque establecieron la mejor forma de producción en la lucha del hombre por dominar las adversidades circundantes y las de su propia naturaleza, y poseen los mejores índices económicos, sociales y culturales. Son las que algunos llaman tontamente “capitalistas”, para hacerle el juego semiótico al marxismo. Aun quien gana relativamente menos, se beneficia por el hecho de pertenecer a ese entorno colectivo, como bien saben los inmigrantes. 

Ricos y hambrientos

El drama del mundo desarrollado es paradójicamente la sobrealimentación. Se llama Síndrome X y es la enfermedad por ingesta de grasas, automovilismo, sedentarismo, alcoholismo-tabaquismo, estrés y aburrimiento (infartos, cáncer, arteriosclerosis, diabetes, ACVs, obesidad), quienes menos comen, desde EEUU hasta Australia, para sorpresa, son personas de mayores ingresos, que intentan llevar una vida más sana. Y por contraste, la obesidad cunde entre los sectores medios y pobres. Los revolucionarios tercermundistas se empeñan en matar de hambre a sus pueblos a nombre de la “dignidad” y el antiimperialismo, y a despecho hoy africanos, árabes, latinoamericanos prefieren morir de infarto o atropellados en el túnel de Calais, que de tifoidea en Zimbabue o de un tiro en Caracas. Ronald Inglehart en su libro seminal sobre el cambio posmoderno (Modernización y postmodernización) cita la Encuesta Mundial de Valores. 

En ella más de 80% de los entrevistados en el Primer Mundo no les interesa ganar más dinero, porque tienen suficiente, viven en la abundancia. Los jóvenes no conocen el hambre y poseen todo el arsenal tecnológico de la vida actual, la riqueza que se mide en indicadores materiales y espirituales. Por eso sus aspiraciones y preocupaciones apuntan, por el contrario, a fines sociales, ambientales, morales, intelectuales. En los países tercermundistas, 85% de la gente ansía sobre cualquier otra cosa comer más e incrementar los ingresos para poseer bienes de la vida moderna. Algunos en España, Grecia, Irlanda, Portugal e Italia, estuvieron “indignados” con el Estado de Bienestar que pagan Alemania y Francia, que les da seguridad material y elimina el stress de la sobrevivencia. 

La revolución y la peste

Tsipras, Iglesias y otros mercaderes de la locura, inventan que la sociedad abierta es un antro y que deben hacer una revolución. Las consignas son vagarosas, vacías, tóxicas. Predican contra “el sistema financiero”, “los políticos”, “el sistema electoral injusto”, “los ricos”, “el capitalismo” y por una “auténtica democracia”. Podemos y Tziriza acuatizaban en “propuestas” primitivas, radicalismo bolivariano con los mismos afiches del Che. Se oponen a los partidos políticos, a la economía privada y la austeridad fiscal. Proponen leyes inmobiliarias contra los propietarios, hostilizan el sistema financiero y la propiedad en general y rechazan modernizar las vetustas universidades europeas. El desempleo simboliza el desarreglo de la economía, pero requiere acciones contrarias a sus propuestas: reducir el gasto público, hoy subsidiado por la Unión Europea para evitar el colapso del Euro y la Eurozona. 

Odian las privatizaciones y la reducción de nóminas públicas sobre infladas. La experiencia mundial enseña que crear empleos requiere equilibrios macroeconómicos y condiciones para la inversión, no impagables sistemas de seguridad social, ni mercados laborales ultra protegidos (hay países que dan quince días de descanso contra stress). Eso contraría las propuestas “indignadas”. América Latina superó circunstancias parecidas con las reformas a raíz de la Crisis de la Deuda nacida en México en 1984, gracias a la voluntad de un grupo de líderes continentales. Salvo en Venezuela los “indignados” locales no pudieron descarrilar el proceso. Tendrán que aprender eso para despejar su propio futuro. Saltar el anacrónico y falso debate de “capitalismo” y “socialismo”, permitirá sobreponerse a la miseria creada por el socialismo.

@CarlosRaulHer

Fuente: El Universal

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