Carlos Raúl Hernández / El efecto pantano

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Cortesía de: El Universal
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Muchos se preguntan ¿qué debe hacer Venezuela para dirigirse al futuro con una vida digna, pacífica y democrática, e impedir opciones sombrías? ¿Cómo conjurar el riesgo de violencia u otras pesadillas? Los paralizados de siempre, abstencionistas y la resistencia de quincalla, gastan calorías en desmentir que el primer paso sería el triunfo electoral de diciembre. La encuesta encargada por el portal barometropolitico.com, ofrece datos impresionantes. La intención de voto es de 50% para la oposición y 20% para el gobierno. Y si las elecciones presidenciales fueran hoy, el candidato opositor obtendría 71% frente a 17% de uno oficial. 90% piensa que el país va por mal o peor camino. Los líderes del país son López y Capriles, por encima de 43% de aceptación, seguidos por Falcón con 23%. La inhumana comedia en la frontera colombiana recibió 71% de rechazo y solo 16% de apoyo. 

El gobierno está en el medio de lo que llaman los gringos efecto arena movediza: mientras más se mueve más se hunde. Más allá de la antipatía que alguien sienta por su adversario, del régimen o de la oposición, se precisan nervios de concreto armado para que la torpeza no sea el mejor aliado de su hermano, el desastre. Emociones y sentimientos son y han sido el peor compañero en situaciones similares y en cualquier decisión vital. Eventuales mayoría parlamentaria y futuro gobierno democrático, tendrían que bajar la conflictividad política hasta donde sea posible. Aunque como dijo Zagallo, los rusos también juegan, la urgencia será enfrentar los dramas reales de las grandes mayorías que están fueran de las pasiones políticas y solo quieren salir de las desgracias. Uno de los métodos de trabajo en los estudios sociales es el análisis comparativo. 

Comparar no es copiar

Como es imposible provocar en un laboratorio revoluciones, guerras, crisis o estabilizaciones, se enseña a estudiantes de sociología y ciencia política a obtener epílogos de las que ya ocurrieron o están en proceso, sin que eso suponga copias. Ojalá el desenlace de la crisis en Venezuela se pareciera a la forma civilizada como evoluciona y terminará en Brasil. Lula y Rousseff disfrutaron de un hiperascenso de los precios de sus exportaciones (como Venezuela). Desenfrenaron el gasto del Estado, gracias a mecanismos contralores escuálidos, rasgo del presidencialismo latinoamericano que el izquierdismo exaspera. Con la discrecionalidad del Poder Ejecutivo sobre los recursos crearon para la revolución y su bolsillo una gigantesca maquinaria corrupta igual que en Venezuela. Los revolucionarios no tienen demasiados escrúpulos, porque todo vale contra el “imperialismo y la burguesía”. 

Luego cayeron los precios de las materias primas, y así el robo y el despilfarro, frente a los que estas sociedades tienen vista gorda, de repente asaltan en toda su gravedad. Los ciudadanos descubren que la vileza de sus condiciones materiales y espirituales de vida se debe a que los recursos que debían destinarse a mejorarlas es alijo de vivarachos. La sociedad brasilera no dio importancia a la corrupción del llamado mensalao en épocas de bienestar, pero ahora sí, en escasez, les escandaliza la corrupción del mismo demiurgo, Dirceu, entre otros. El derroche y robo a gran escala producen inflación, devaluación, desempleo y estancamiento y eso lo comprenden brasileros y venezolanos con las papas duras. Hasta ahora -y quién sabe- líder sagaz y triunfador, FernandoH enrique Cardoso, jefe de la oposición ha sostenido a Rousseff, que cuenta apenas 10% de apoyo. 

Querer y poder

Lo hace para no entregarle al PT el cómodo carnet de oposición. Hasta ahora. Que ella enderece las aberraciones de su propio partido. Así Rousseff elimina 8 ministerios, 3.000 funcionarios de alto nivel. Privatizará un montón de propiedades estatales y reducirá la masa de empleos públicos. Si un gobierno provisional toma medidas impopulares, el lulismo tendrá mesa servida para devorarlo y regresar al poder dentro de 3 años. Aquí parte del PSUV quiere sacar a su propio gobierno para pescar en río revuelto. Una mayoría parlamentaría en Venezuela deberá presionar por el diálogo y para que los autores desmonten el aparataje de opresión económica, las megabandas y los colectivos, en una etapa promisoria, pero tensa y difícil. Apostarle a esa opción, no implica que la acepten.

Nadie puede descartar algún accidente de aquí al 6-D o después, ni dar por descontado que la revolución se entregará a su destino. Son autócratas y están mil puntos atrasados con respecto a varios aliados regionales. Pero el camino pacífico es tortuoso, pero es el camino. Los que invocan fórmulas ilusorias tienen la facilidad de pontificar cómodamente en sus casas desde el computador o el iPhone, donde no evalúan riesgos. Distinto a los dirigentes políticos que recorren cada aldea y barrio y mantienen vigente la alternativa. Afianzar el eje PJ, VP, AD, UNT y los demás partidos después del 6-D es la tarea. 

Alejandro Magno, hombre práctico y poco colaboracionista, ante el peligro de morir en una cruenta batalla, repartió todos sus bienes entre los generales. Uno de ellos le pregunta qué dejaba para sí y él respondió: “me quedo con la esperanza”. Alejandro ganó. 

@CarlosRaulHer

Fuente: El Universal

Autor: Carlos Raúl Hernández

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