Beltrán Haddad / La marca de Caín

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Hace algún tiempo que oigo decir que en un barrio o comunidad la gente enardecida le causa la muerte a un delincuente, ya sea a golpes, con palotadas o quemándolo, cuando es sorprendido flagrante robando o atracando. Es como volver a la barbarie de la venganza privada. Eso no se puede permitir porque no solo se desnaturaliza el poder soberano del Estado que inflige el castigo, sino que vamos directo al caos total. Pregunto: ¿para qué sirve la justicia penal? Pienso que hay necesidad de un debate público sobre la política criminal del Estado venezolano, el papel de la justicia penal y el tratamiento de la delincuencia que no puede limitarse únicamente a “operaciones” eventuales de persecución penal.

En estos días leí nuevamente un excelente trabajo del catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha Nicolás González-Cuéllar Serrano, donde sale a relucir la “marca de Caín”, que por siglos es presentada como la señal, un estigma que es símbolo de la asunción por parte de la autoridad de un Estado del monopolio de la sanción para castigar el delito. Por supuesto, un simbolismo muy bien elaborado por el citado autor nos recrea aquellos pasajes bíblicos a raíz del crimen de Caín que expresa el mal cuando mata a su hermano Abel. Y le dijo Caín al Señor: “Mi maldad es tan grande que no puedo yo esperar perdón. He aquí que tú me arrojas de esta tierra y yo iré a esconderme de tu presencia, y andaré errante y fugitivo por el mundo; por tanto, cualquiera que me hallare, me matará”. Es cuando el Señor le advierte su poder, el poder de Dios para impartir justicia e impedir las represalias. Le dijo a Caín: “No será así, antes bien cualquiera que matare a Caín pagará con las setenas. Y puso el Señor en Caín una señal, para que ninguno que le encontrase le matara”. Esa señal es la que prohíbe hacerse justicia por sí mismo.
El Estado es el obligado a prevenir y dar respuesta al delito porque, de no hacerlo, se desencadenaría una espiral de violencia sin fin. La marca de Caín es una señal para evitar la venganza de una persona o grupos enardecidos que buscan y matan al delincuente con la misma violencia no institucional. Esa señal se percibe en el artículo 270 del Código Penal, pero su norma pareciera borrarse poco a poco. ¡Cuidado con la violencia sin fin!

Abogado

Fuente: Últimas Noticias

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