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Angel Manuitt / Se acabó la mantequilla

Y seguimos pagando las consecuencias de la terquedad y el empecinamiento en la destrucción sistemática de los medios de producción, la escasez se agrava y desaparece todo de los anaqueles a un ritmo vertiginoso engordando el jugoso negocio del contrabando y la reventa. La confiscación, nacionalización, expropiación, regulación, ocupación temporal y cualquier otro nombre que le hayan puesto al robo de bienes destinados a producir, en especial fincas, parcelas, silos, etc., hoy pasa su factura a todos los venezolanos, sin distinción. Y es que el ataque permanente al productor agropecuario de todos los niveles nos deja en una situación extrema de desabastecimiento, especialmente en lo que se refiere a la comida, que no se consigue ni en Mercal.

Se imaginaron que la importación irracional de alimentos, además de producir jugosas comisiones,  iba a seguir sosteniendo la ópera buffa de la revolución, para colmo de males, los bufones se escapan por la tangente con el cuento de que “ahora la gente come más, antes no se comía”. Lo más grave es que esta gente no rectifica, el vicepresidente encargado de la seguridad agroalimentaria declaró esta semana que no faltaran los dólares para la importación y distribución de alimentos, negocito en el que por cierto no participan campesinos, conuqueros, ni grandes productores agropecuarios; con estos factores de la mano de la inseguridad jurídica y el menosprecio por la propiedad, no hay campo que se recupere.

Abismal es la indiferencia por corregir los entuertos, nadie se atreve a alzar la voz para reclamar que a los productores del campo se les deje de perseguir y tratar como delincuentes;  una ley que prohíba las expropiaciones de unidades de producción agrícola sería una buena señal para recuperar la confianza y las ganas de invertir, esto concatenado con un plan especial de asignación de divisas para empresas agrícolas salvaría la mesa del venezolano.

Como siempre lo hemos dicho, firmen un convenio con Guárico como el que firmaron con Cuba en el que se le regalan cien mil barriles de petróleo diarios, aproximadamente diez millones de dólares en créditos y auxilios que se dejan de invertir en estas tierras  y que le garantizarían la alimentación a toda Venezuela y buena parte de sur américa.

Mientras tanto la gente se mantiene en interminables colas para comprar lo poquito que llega y el que no tenga tiempo para hacerlas, le toca comprar los productos con un incremento de hasta 50 veces el precio real; esto es insostenible, si no hay un plan urgente de recuperación alimentaria vamos a colapsar, lo que hay no alcanza para todos y no lo quieren reconocer.  

Una anécdota refleja la realidad que vivimos a diario los guariqueños, el caso  es que una buena amiga se encontraba haciendo su respectiva colita para adquirir el manjar untuoso que acompaña la arepita mañanera y cuando a tenía más de tres horas bajo suplicio del sol inclemente, los empujones, el atropello de la guardia y el acecho de los “coleaos”, faltando solo dos personas para que le tocara el turno de recibir con humillación sus dos laticas, salió el chino dueño del negocio y en voz alta, con los brazos extendidos, les dijo en perfecto castellano “señores, se acabó la mantequilla!”. Hasta la próxima columna. 

“Un ejército de hombres libres, valiosos y vencedores, no puede encontrar resistencia; la victoria marcha delante de nosotros; y Venezuela verá rendirse o perecer a sus crueles conquistadores –Llaneros- vosotros sois invencibles; vuestros caballos, vuestra lanza y estos desiertos, os libran de la tiranía…” S. Bolívar 17 febrero 1818, Cuartel General del Sombrero, Estado Guárico

 manuitt@Hotmail.com

@manuitt

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