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Angel Manuitt / Estábamos bien así

Una sociedad que roba a un individuo el producto de su esfuerzo… no es estrictamente hablando una sociedad, sino una revuelta mantenida por violencia institucionalizada”

Ayn Rand, Filósofa y Escritora Rusa

La vida misma se trata de tomar decisiones a cada segundo que transcurre. El libre albedrío, el discernimiento y el criterio personal son las herramientas de las que disponen los seres humanos para decidir lo que más le convenga y reconocer lo bueno y lo malo. Todos poseemos un sentido interno que nos avisa cuando realizamos actos contrarios al buen orden social y familiar, o por el contrario, nos reconforta cuando hacemos buenas acciones.

Reconociendo esta virtud, solo queda de nuestra parte poner en práctica aquellas cosas que son buenas y desechar las que concienzudamente sabemos que son malas. Es un deber y así debemos proponérnoslo hacer buenas acciones a diario empezando por nuestro entorno inmediato, nuestras casas, nuestras comunidades, etc.

El efecto de la politiquería ya está afectando la capacidad de distinguir de muchas personas, que no reconocen (o no quieren reconocer) que las cosas van mal y en muchos casos por su propia culpa. He oído gente que se queja por la suciedad y descuido de las calles, cuando ellos mismos lanza basura en cualquier sitio; he visto personas que se quejan de la inseguridad y de los ladrones, pero compran artículos de dudosa procedencia, contribuyendo al ciclo macabro de la delincuencia; he oído sujetos que se quejan del desorden del tránsito y no respetan la luz del semáforo, no usan el cinturón de seguridad, no ponen la luz de cruce, en fin, no cumplen con ninguna de las reglas de la Ley de Transporte Terrestre. ¿Entonces?, ¿De qué nos quejamos? Si bien es cierto que tenemos un gobierno que con sus acciones raya en la ignominia, ¿dónde está nuestro grano de arena para contribuir con la disciplina de este país? Por orgullo propio debemos cambiar nuestra actitud para evitar siendo objeto de desprecio.

No hay peor ofensa para nuestro gentilicio que aquella odiosa frasecita de la “viveza criolla”, que no es viveza sino pendejada. Si fuéramos vivos no estuviéramos en esta situación.  Aquí en Guárico fuimos gente respetuosa, amantes de la vida y de la libertad, no sé cuándo les cambiaron la conducta, espero estar equivocado. Tanto así, que el fallecido gobernador Willian Lara pregonaba que andaba en la búsqueda de un “hombre nuevo”, no sabemos para qué, ni sabemos si lo encontró antes de morir, lo que sí sé es que los guariqueños estábamos bien así. Hasta la próxima.

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