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Andrés Scott Peña / La Democracia en Venezuela: De imperfecta a fallida

Venezuela es, sin duda alguna, un país en crisis y eso no lo puede negar nadie en su sano juicio. Con una de las inflaciones más altas del mundo; altos niveles de desabastecimiento, mínimos históricos en los indicadores del aparato productivo nacional , tanto del sector público como en el sector privado, en todos sus aspectos económicos desde el  ámbito petrolero, minero, textil, alimentario, agrícola y pare usted de contar que rayan en la crisis humanitaria.

En cada estado del país la situación no es diferente del patrón de desgobierno nacional, los escenarios se repiten con las precariedades implícitas por la condición de provincia, agravando aún más las problemáticas nacionales y ni hablar de los municipios donde presupuestos locales sufren el terrible agravio de la perversa mezcla entre inflación y devaluación, consustanciados en una espiral de corrupción institucional sin comparación en la historia contemporánea de Venezuela.

Como consecuencia de toda esta precaria situación, que desborda anarquía a los cuatro costados de Venezuela, surgen dos siniestras clases sociales. La primera basada en la delincuencia, denominada “Pranato”, quienes determinan alarmantes patrones de inseguridad, manteniendo en zozobra a la población venezolana y la segunda clase basada en el acaparamiento y la especulación masiva denominada “Bachaqueo”, una especie de todos contra todos donde el pueblo especulador va en contra del abastecimiento del pueblo comprador. En ambos casos el gobierno peca tanto por acción, al ser permisivo y cómplice, como por omisión al hacerse de la vista gorda y no implementar soluciones contundentes a estas realidades.

Todo lo anterior lleva a preguntarse: ¿cómo todavía se mantiene en pie un gobierno con todas estas características?, ¿de qué manera han hecho estos máximos paladines de la corrupción y el abuso institucional para lograr convencer, al concierto de las naciones, que dirigen un gobierno de vanguardia revolucionaria ajustado a las leyes? , ¿Cómo, a pesar de tantos escándalos de tan variada índole apátrida siguen tan campantes estos bizarros representantes del desgobierno nacional?

La “Democracia” es la organización de grupos de individuos, caracterizados por acatar las voces de las mayorías, dando continuidad institucional a los “gobiernos” escogidos por ellas, entendiendo que el poder originario reside inexorable e intransferiblemente en el pueblo. La titularidad del poder reside en la sociedad y la toma de decisiones “responde a la voluntad colectiva de los miembros de dichos grupos cohesionados en torno a los altos intereses de la nación”. Hoy, el gobierno se encuentra de espalda a la realidad nacional donde una inmensa mayoría sufre los rigores del hambre y lucha por mantenerse con vida, es decir, unas mayorías sufren por políticas implementadas por minorías que usan y abusan de la discrecionalidad del poder conferido a dichos gobernantes, degenerando la democracia que le convalida.

Es necesario destacar que la “democracia perfecta” es un ideal, es un referente basado en una forma de gobierno, donde la organización del estado es prioritaria, donde las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos plurales de participación directa o indirecta, legitimando así a los representantes electos. Hoy ese ideal de democracia, que debería ser lo más perfecta posible, decanta hacia su imperfección por esta especie de caída libre en el que se encuentra Venezuela a la cual nos empujaron altos jerarcas de un gobierno sectario, corrupto y ambicioso.

Las democracias tienen niveles de imperfección en la misma medida que no contemplen o incumplan normas básicas de la convivencia ciudadana, a nivel político, económico, social, religioso y hasta cultural, destacadas en la constitución. Se puede hablar de grados de clasificación de las democracias donde el grado de máxima libertad se manifiesta en el cumplimiento del estado de derecho y el debido proceso, ambos consagrados, ampliamente, en la constitución nacional.

La democracia se pervierte cuando pasa por una escala de grises que se oscurece con distracciones jurídicas la cual, en su “degradé”, desvirtúa su esencia democrática apareciendo connotaciones absolutistas o totalitarias con disfraz aparentemente democrático. De esta manera la democracia se transforma, en su escala más pervertida, en una democracia fallida, pues subvierte los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que deben caracterizar a la justicia, mimetizando un aparato gubernamental que solo se contenta con dar ciertos “visos de legalidad” institucional, escondiendo truculentas componendas y subterfugios para asirse eternamente al poder.

Es notorio que la democracia venezolana esta mortalmente herida por interpretaciones fraudulentas que, entre gallos y medianoche, ha invertido su esencia constitucional, avalada esta tesis por un Tribunal Supremo de Justicia nombrado a la carrera y complaciente con el sector del gobierno. En sentido amplio, la perfección de una democracia se manifiesta en “una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales”. Esta no es la realidad venezolana que, en su fallida democracia, se debate entre la miseria de algunos funcionarios gubernamentales que amenazan con despedir a quienes piensen diferente, quienes ven enemigos externos, internos y hasta enemigos alternos en todos lados.

No se puede llamar “democracia perfecta” a un sistema donde el gobernante amenaza, despotrica e insulta a la mayoría nacional; donde se somete a la indefensión jurídica a quienes piensan diferente; donde hay una ley para oficialistas y otra para opositores; donde no se garantiza la salud pública; donde no se garantiza la seguridad personal y donde no se garantiza el pleno abastecimiento de los recursos mínimos requeridos para subsistir con dignidad. En fin, no se puede llamar democracia a un sistema donde el gobierno de turno usa un doble discurso para atornillarse eternamente en el poder para favorecer una ideología política foránea.

Por todo lo anterior creo que si la democracia venezolana se presentaba como imperfecta en el pasado, hoy en día está moribunda por el desangramiento que de ella han hecho muchos encargados de las finanzas públicas nacionales que no quieren, o no pueden, perder estos privilegiados cargos de poder. Especificando que no quieren perderlos por las prebendas y prerrogativas que utilizan para seguir abultando sus exorbitantes cuentas en Venezuela y en el exterior. De igual manera no pueden perder sus cargos porque no podrán responder, a nivel nacional e internacional por la gran cantidad de delitos en los que han incurrido.

Quien mantiene su objetividad, confirma su dignidad humana. Quien niega, esconde o disfraza lo evidente, la inocultable crisis venezolana, va perdiendo lentamente su dignidad con cada mentira o justificación de las abyectas conductas de un gobierno que esta de espaldas a la voluntad popular de los venezolanos. Es mi palabra esta humilde opinión. Amanecerá y veremos…

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