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Aminta Díaz / Las colas tienen rostro de mujer

Al escribir sobre las colas para obtener alimentos y cómo afecta a la familia y, fundamentalmente a la mujer, convergen tantos problemas que he arracimado el periplo de situaciones que ocurren, las consecuencias, las violaciones, propuestas esbozadas de manera sucinta en aras de la cortedad de mis palabras, de la brevedad del artículo.

 En las madrugadas, en los pueblos, en las ciudades del país, día a día, en las calles, frente a los automercados, se forman largas, multitudinarias e interminables colas de personas, sin distinción alguna de sexo, edad, condición social; para adquirir alimentos e insumos para la familia.

El sector poblacional más afectado por las colas son las amas de casa; según las estadísticas de la Asociación Venezolana de Mujeres (AVM), el 40% de las madres son jefas de familia, 4 de cada 10 mujeres. Venezuela es una sociedad matriarcal.

La mujer, lamentablemente desvalorizada, maltratada en el ejercicio de los derechos y libertades como grupo poblacional por la violencia de género, la discriminación generalizada, la violencia doméstica, la desventaja en la sobre-carga del trabajo doméstico y otros factores, ahora se le  añade la sufrida permanencia en las colas: mujeres embarazadas, con niños de pecho, amas de casa, jóvenes, ancianas… que vienen de lugares bien distantes, de los sectores de mayor índice de pobreza; bajo el sol inclemente, la lluvia, de pie , sin un sitio donde descansar, aguantando hambre, sed, necesidades…

Las colas han generado prohibiciones en los centros de distribución. Las más afectadas son las mujeres, no permiten el uso de los baños, entrar con bolsas, ni siquiera donde las mamás cargan los enseres para el cuido de los lactantes, para atenderlos cuando lloran por hambre o el pañal mojado… Las mamás  se llevan a los  más grandecitos para que ayuden a cuidar y cargar las bolsas; se les ve, cansados, aburridos de tantas horas privados de sus clases, juegos habituales, costumbres…

En las llamadas “colas de la esperanza”, por si venden algo regulado, cuando va a comenzar la venta, los uniformados de la Policía o la Guardia Nacional, encargados de vigilar y controlar las colas,  posiblemente descontentos por el trabajo que les obligan a realizar, se comportanen muchas ocasiones de manera despótica; principalmente con las mujeres solas, piden la Cédula de Identidad a cada persona, cuando la ha entregado el último, llevan los mazos de cédulas amarrados con ligas al automercado, comienzan a llamar por el nombre, devuelven la cédula y pasan a recibir los productos, de ahí a la cola para cancelar, también larguísima ,demorada; la mayoría cancela en efectivo, el conteo de billetes es lento; el abuso no culmina, no se entregan bolsas para los productos regulados; las personas las llevan ,o se las ingenian para cargar los productos abrazados. A la salida, otra cola para la revisión de carteras, bolsos…y el chequeo minucioso de los productos con las facturas.

En muchas oportunidades, no llegan productos regulados; las personasde la “cola de la esperanza”, se van, con el ánimo derrumbado; la moral hecha añicos; la rabia contenida, la angustia de no llevar nada al hogar.

Están las amas de casa que viven cerca de los automercados, generalmente, no hacen colas; pero igualmente cuando requieren hacer compras, se ven sometidas a la cola para pagar y de revisión a la salida.

El gobierno, al permitir esta inhumana, desconsiderada manera de distribución de alimentos, infringe la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Igualmente, es el gobierno el responsable de que la población sufra tantas penalidades, humillaciones para adquirir el sustento familiar, no ofrece alternativas, niega la crisis, se vale de mentiras para engañar al pueblo como la supuesta “guerra económica”; un alto jefe del gobierno del Distrito Capital llegó a decir: “-En las colas hay infiltrados traídos por los hijitos de papá para desestabilizar”. Otro declaró: “-La escasez es producto del gran poder adquisitivo del pueblo, logrado por la revolución”. Una parlamentaria del PSUV expresó: “- La escasez es responsabilidad de la oposición que genera la necesidad inducida, y esconden los productos y traen ciudadanos tarifados de otros países para hacer cola”.

 Las colas han afectado la vida familiar, la rutina diaria, fundamentalmente de las amas de casa, de la mujer, que sufre las consecuencias del empobrecimiento del presupuesto, debido a la hiperinflación; los más vulnerables son los niños que comen menos veces al día y en menor cantidad, sufren de desnutrición con consecuencias lamentables o irreparables en el desarrollo fisiológico, en la salud mental.

 El sector poblacional más sufrido, son los pobres que además de todas las adversidades que sufren, está el factor político, la pobreza extrema genera dependencia, pierden su libertad de pensamiento, de acción, son manipulados, engañados, por los entes gubernamentales.

 Las colas han propiciado el comercio informal, la especulación, el acaparamiento de productos; han generado en la población descontento, tristeza, traumas emocionales, frustraciones, hechos violento.

 Lo que nos parece bien peligroso: la pasividad de la población que acepta con resignación, se acostumbra a los maltratos, las humillaciones…

 Las instituciones públicas y privadas a quienes compete la protección de la familia, de la madre, del niño y del adolescente, deben estudiar soluciones hacia el logro de un sistema de distribución más ágil, menos denigrante. Lograr que se distribuyan en un mismo día, más rubros de productos, regulados, en menos cantidad; el sistema actual distribuye los rubros en cantidades que obligan a invertir mucho dinero en un solo producto.

Las instituciones oficiales y privadas deben promover  acciones que contribuyan a amainar la zozobra, la angustia de la madre, la ama de casa, la mujer, por conseguir el sustento diario para sus familias.

 Dedico estas líneas a la mujer luchadora, a las organizaciones que trabajan por el bienestar de la mujer, de la familia, muy especialmente a: Comunidad Organizada (COMOR);  Asociación venezolana de Mujeres (AVM); Federación Venezolana de Abogadas), Centro de estudios de género de la USB.

Mis deseos que el Documento que se entregue el próximo 8 de marzo, sea bien contundente, que contribuya al bienestar y elevar la calidad de vida de la mujer, bien sufrida por los embates de la crisis del país.

Aminta Díaz

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