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Alirio Pérez Lo Presti / Sobre líderes

dumont-17-10-2016Conocí a Hugo Chávez Frías en Ortiz, el pueblo inmortalizado por Miguel Otero Silva en su novela Casas Muertas. Viajaba hacia Caracas y me encontré con Chávez acompañado de un grupo de no más de cinco personas, con un cono en mitad de la carretera, repartiendo volantes que promocionaban la realización de una Asamblea Nacional Constituyente como “única vía para cambiar a Venezuela”. Eso fue lo que me dijo en ese pueblo del llano venezolano, con un calor soporífero que detenía el tiempo mientras hablábamos, mostrando una convicción que hacía contraste con la soledad imperante. Cuando llegué a la capital de mi país, les comenté a mis amigos que no había manera de que Hugo Chávez no fuese Presidente.

Por muchas razones, la cuestión de los liderazgos es un tema sobre el cual me he dedicado a estudiar durante un tiempo de mi vida. Por una parte, es un asunto que me atañe por curiosidad intelectual atinente a mi vocación, pero por otro lado, porque la aparición de ciertos líderes me ha cambiado la vida y a la de toda mi generación.

Las dinámicas sociales no son afines al vacío. Por eso, cuando las condiciones están dadas, es posible que hagan su aparición las más disímiles personalidades que habrán de cambiar el rumbo de su tiempo. Viendo el segundo debate entre Hillary Clinton y Donald Trump sobre sus problemas psicosexuales, no pude evitar apagar el televisor (en realidad me quedé dormido). La aplastante sensación de que un par de torpes irresponsables aspiren a dirigir la nación más poderosa del planeta y las impredecibles consecuencias de ello, no pueden producirme sino la sensación de “vergüenza humanitaria”. Mientras tanto, el mundo se sigue moviendo y el liderazgo de Vladimir Putin se afianza peligrosamente sobre la faz de la tierra.

El vacío propio de unos es la fortaleza de otros. Esa capacidad de captar las características del momento y tener la visión necesaria para hacer grandes propuestas o implementar cambios es lo que solemos llamar olfato político, el cual solo les es dado a ciertas personas porque ponen toda su energía, todo su corazón y todo su potencial al servicio de una causa. Con el liderazgo va unida la admiración y, por supuesto, el rechazo y la animadversión.

A comienzos del siglo XV Francia se encontraba en una situación caótica y desesperanzada. El rey de Francia carecía completamente de voluntad y los ingleses estaban a punto de conquistar el país luego de sucesivas victorias militares. En ese contexto aparece lo que a mi juicio es el más extraordinario de todos los líderes, una niña que por su perseverancia logra hablar con Carlos VII, una sombra de rey, quien se convence ante su presencia y toma lo mejor de su ejército, guerreros feroces, hombres que han tenido comando de armas durante años y los pone bajo el mando de una doncella de diecisiete años, a quien conocemos como Juana de Arco, y si no hubiese pruebas testimoniales, nadie lo creería, porque en su insólita fe, vestida de hombre y con peinado de “escudilla”, esta campesina y analfabeta que escucha la voz de Dios, cambia el curso de la historia, cayendo prisionera en 1430 y termina siendo quemada viva. Poco después de su muerte los ingleses van a ser arrojados al mar y se cumple la profecía. En 1920 el Papa Benedicto XV la canoniza y la proclama Santa Juana de Arco.

Pero ejemplos de liderazgo hay por montones y variados, desde los que tienen un carácter místico hasta quienes practican la más pedestre “política real”, como es el caso del polaco, católico, técnico electricista, sindicalista y Premio Nobel, Lech Walesa, quien en 1989 dijo en una visita realizada a Caracas una frase de hombre pragmático sin complicaciones intelectuales, que a mi juicio es un emblema de su posición tanto como político como miembro del movimiento que cambió el rumbo de su país: “A Lenin lo hemos echado a patadas”.

Un líder que cada vez cobra más importancia es el praguense Václav Havel, escritor y dramaturgo checo, quien es un representante virtuoso de la tradición literaria de hombres como Franz Kafka. Atrapado en una convulsión histórica, se ve en la casi obligación de vincularse con la política y termina siendo Presidente de Checoslovaquia y luego de lo que vendría a ser hoy en día la República Checa. Nieto de un famoso periodista y diplomático, e hijo de un empresario cinematográfico, se convierte en ejemplo de lucha contra un comunismo que destrozaba los cimientos de la Europa del siglo pasado.

Los liderazgos van desde los que están marcados por el misticismo y el pragmatismo hasta aquellos con elevada capacidad pensante. Cada uno representante de penurias colectivas que se producen en una sociedad, en un lugar y un tiempo particular, generando devoción y rechazo, hallándose comprometidos en luchas aplastantes para quien no tenga la convicción necesaria y la meta clara de lo que quiere como fin último. Cada uno con sus particularidades, bajo la “premisa” de que cada pueblo tiene los líderes que merece.
@perezlopresti

Fuente: El Universal

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