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No sé qué están vendiendo
pero la cola está cortica

Aunque usted no lo crea
No sé qué están vendiendo
pero la cola está cortica

El Socorro colas

En El Socorro las colas son kilométricas

San Juan de los Morros.- Cada vez que se sale a la calle, a cualquier hora se observan muchas personas en colas de bodegas, abastos y supermercados, como si no tuvieran otra cosa qué hacer. En esta Venezuela del siglo XXI, hombres y mujeres se han ido acostumbrando a saltar de un lugar a otro para adquirir los productos que a diario se necesitan para subsistir en una sociedad moderna, que mira por el espejo retrovisor.

Nunca falta un sin oficio que escuche las conversaciones de los demás como si lo que hablaran fuera de su incumbencia, o a lo mejor para tener algo interesante qué contar como el relato de esta crónica, la cual es producto de una conversación entre dos amigas y un tercero que pasó, escuchó “sin querer queriendo”, al estilo del Chavo del 8.

Resulta, pasa y acontece que una señora le pregunta a la otra:

  • ¿Qué habrá llegado a ese supermercado que hay tanta gente?.- Su amiga le responde tajantemente:
  • No sé que están vendiendo pero la cola está cortica, anda, aprovecha.

Esta conversación puede dejar viendo claro y sin vista a cualquier persona que tenga cinco dedos de frente, porque como puede alguien meterse en una cola para comprar lo que sea, saltando todas las normas elementales del ahorro, lo cual permite estirar el dinero y mucho más ahora donde todo cuesta “un ojo de la cara”.

Se ha hecho común mirar a personas salir de un supermercado más cargados que un “bachaco” y sobre todo, con un exceso de productos, cuando se consiguen. Cómo puede ser posible que alguien se lleve hasta cinco bultos de papel tualé, si los miembros de la familia no pasan de cuatro personas.

Si cada quien se llevara sólo lo que necesite como ocurre en un país normal y no paranoico, esto no tuviera ocurriendo. Tampoco es que la gente tenga que aferrarse a ese viejo refrán que dice “todo tiempo fue mejor”, pero se añora esa época no tan lejana cuando en los anaqueles se conseguía de todo y un poquito más, cuando los precios eran “injustos” pero mantenían estabilidad en el tiempo y no como ahora que todo se vuelve sal y agua. Los precios de ahora se han vuelto prohibitivos, empezando por un simple bombillo que ya llegó a costar 200 bolívares.

Mientras las personas se sigan metiendo en la cola sin saber qué están vendiendo, pero hay que aprovechar porque está cortica, se le hace un gran daño al país. Eso es una demostración clara de egoísmo, porque mientras algunos acaparan o revenden a precios por las nubes, otros no consiguen lo más mínimo para cubrir las necesidades diarias.

Esas conductas egocéntricas hay que eliminarlas de raíz y volver a ser ese venezolano dicharachero y buena gente que comparte con el prójimo y el hecho de comprar sólo lo necesario es una forma de dejar para los demás y compartir aunque sea de manera indirecta. Esa es una manera sencilla de eliminar las colas. Urge la creación de una conciencia más humanista y menos individualista.

El Tubazo Digital

Ramón Figuera

@ramonfiguera 

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