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Habla una psicóloga: “Estamos caminando sobre El Caracazo”

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Es como echarle gasolina a las llamas: A la escasez de alimentos y bienes de primera necesidad, el Gobierno Nacional responde con bolsas de comida y estructuras como los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Los integrantes del Ejecutivo no se han dado cuenta de lo grave de imponer un racionamiento alimentario a una población que está en plena supervivencia, alerta Yorelis Acosta, psicóloga social y profesora de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

“La crisis se ha agudizado este año a niveles nunca vistos, y eso nos da mucho miedo y mucha incertidumbre. Nunca habíamos tenido niveles de desabastecimiento, de falta de medicinas tan altos”, subraya Acosta, en entrevista con Contrapunto. Un aderezo negativo es “el el manejo que hace el Gobierno de toda esta situación: disfrazar, ocultar e, incluso, partir de un diagnóstico equivocado”, critica la docente.

-¿Qué cree que sucede con el Gobierno?

-Ningún gobierno va a decir “mi gestión es mala”; siempre va a magnificar lo poquito que ha hecho. Pero en este caso las cifras son muy malas, y admitirlas es admitir un fracaso de gestión.

A Yorelis Acosta le inquietan los saqueos y los linchamientos suscitados en esta primera mitad de 2016. Este año “la participación de las redes sociales ha sido determinante: la gente toma fotografías, la gente graba y eso lo sube” y lo comparte, por lo que el retrato del linchado y el ejemplo de los linchadores le dan la vuelta al país.

También ha aumentado la violencia, ya que a la persona “no solo se la agarra, se la golpea, sino que se la quema, se la corta. Hay un aumento de la violencia y de la crueldad”. Y, además, una parte de la sociedad avala el uso de la violencia “para resolver un problema que tiene que ser de la justicia, del sistema de justicia, pero hay una debilidad de nuestro sistema de justicia”.

La investigadora considera que ahora “la protesta, el saqueo, el linchamiento son cada vez más violentos, porque no hay una respuesta institucional”. Las protestas “no son nuevas” pero el Gobierno “no ha dado una respuesta eficiente”. Peor aún: “La respuesta del Gobierno actualmente es el racionamiento, es la bolsa de comida”.

“La racionalidad se está acabando, y la gente está en la calle movida por sus impulsos y por sus instintos más básicos”, enfatiza

-¿Qué consecuencias tiene eso?

-Estamos pasando de la tristeza a la rabia y a la desesperación. Ese malestar que genera la disminución de las condiciones de vida del venezolano pasó a rabia, pasó a desesperación, y es una desesperación que paraliza el razonamiento. Nos está haciendo irracionales. El Gobierno nos llevó a preocuparnos por cosas fundamentales. La gente está ocupada y preocupada por sus necesidades de vida: si no comes, te vas a morir.

-¿Lo ve como una forma de control social? ¿Es algo deliberado?

-Y si no es deliberado, demuestra la ineficiencia del Gobierno para satisfacer las necesidades de todos los venezolanos. Una bolsa de comida no va a resolver la situación, porque somos casi 30 millones de personas. No es justo que excluyas a la clase media de esos beneficios. No es justo que utilices la bolsa de comida como control político; esas cosas están sucediendo.

De acuerdo con Acosta, “la crisis está uniendo a los venezolanos, está haciendo que la polarización disminuya, porque aquí están protestando por comida chavistas y no chavistas”. Todos rechazan “esa forma de repartir comida”, analiza.

-¿El Gobierno está jugando con fuego?

-Ellos no se han dado cuenta de lo grave del racionamiento y de lo grave de decir “paciencia, que la bolsita les va a llegar”. Por no decir que están jugando a doblegar las voluntades y a establecer el hambre como forma de control.

-¿Qué sucede si la gente deja de creer en lo que dice el Ejecutivo?

-La racionalidad se está acabando, y la gente está en la calle movida por sus impulsos y por sus instintos más básicos. No hay racionalidad que valga.

Como psicóloga, está convencida de que “estamos caminando sobre El Caracazo, porque hay minicaracazos todos los días”. No es lógico que se les pida a las personas conformarse con una bolsita y resignarse a quedarse sin un desodorante o un detergente. En las protestas “la gente señala una responsabilidad: el responsable de esto es el Gobierno y su gente”.

“La queja social invadió todo”

Lágrimas espontáneas ruedan por las mejillas de una muchacha en la camionetica. Un motorizado se le atraviesa al otro y el castellano se queda corto para recoger tantos insultos. Una reunión familiar se convierte en un ring de boxeo o en el consultorio de un psicoterapeuta.

“No hay espacio del país donde te sientes a conversar con alguien en el que la gente no se queje por algo”, diagnostica. Incluso, en una fiesta “la gente termina contando qué tiene y qué no tiene”. Hay algo claro para la psicóloga: “La queja social invadió todo”.

Si Acosta observa los rostros de las personas, se encuentra con dientes apretados, ceños fruncidos. Incluso, con “las lágrimas grandotas” de una pasajera con la que compartió el asiento casualmente en un avión. “La cara de la gente me dice ‘estamos preocupados’. Hay tristeza, hay gente hablando sola, hay gente llorando”, enumera. Por ello, pidió a sus estudiantes de la UCAB fotografiar las expresiones de las personas, además de formular una pregunta: ¿Cuál es la emoción que predomina en usted hoy?

“Hay un predominio de emociones negativas”

Existen ocho emociones básicas, que todos los seres humanos experimentan: temor, sorpresa, repugnancia, alegría, tristeza, rabia, expectativa, aceptación. Todas “tienen una expresión fisiológica”, como se hace evidente con la rabia, que lleva incluso a mostrar los dientes, como lo haría un animal.

A finales del año 2015, Yorelis Acosta y sus estudiantes salieron a la búsqueda de las emociones de las venezolanas y los venezolanos. Pudieron seguirlas en 10 estados. “Encontramos que la emoción que predomina es la tristeza, seguida de miedo y rabia”, puntualiza la psicóloga. Es decir, “hay un predominio de emociones negativas”. Tanto así, que en esa lista de ocho emociones la alegría ocupó el séptimo lugar.

De 2.534 encuestadas y encuestados en varias zonas del país, “solo 141 personas dijeron que en ellas predomina la alegría. Apenas 5%”, cita la experta, no sin cierta alarma. Las emociones son lentes para ver la vida, que afectan la salud de los seres humanos. Pero una mirada más profunda, por estratos socioeconómicos, revela otras diferencias: “En las clases medias predominan la tristeza y el miedo, en las clases populares predominan esperanza, expectativa”.

-¿A qué lo atribuye?

-La gente de las clases populares tiene más resiliencia que la clase media. Tener más adversidad te hace más fuerte, y cuando tus condiciones cambian, aunque sea un poquito, lo sientes: te sientes valorado, tomado en consideración.

Hay que reconocer que los pobres han sido beneficiados en los últimos años de manera importante. No así la clase media, que ha visto que le han quitado cosas, que su perspectiva de futuro ha disminuido. La gente de clase media cierra los ojos y dice: “No veo nada”. Lo que ve es la pérdida de estatus, reducción de oportunidades; ha tenido que apretarse el cinturón.

Acosta no cree que los chavistas estén alegres y los opositores estén tristes. Sería una simplificación. Mas le llama la atención que en un estado como Sucre, por ejemplo, predominen las emociones positivas.

“En Cumaná, cuando le preguntábamos a la gente, nos decía que el oriental es alegre”, expone la psicóloga. Es apenas una excepción: en el país predominan las emociones negativas: “la gente está sufriendo, la gente está disminuida emocionalmente y tenemos mucho tiempo en esto”.

Ese sufrimiento habla a su manera, mediante las alteraciones de sueño, los trastornos de alimentación. Ambas cosas “las estamos viendo en las consultas”, con señales como el bruxismo (apretar los dientes); pero también en las calles, con la reacción exagerada ante cualquier estímulo.

La conclusión parece clara: “Estamos de a toque”. La angustia por lo económico y por la inseguridad copa todos los espacios. Del suicidio no hay cifras oficiales recientes, pero la investigadora teme lo peor.

“Estamos de a toque”, advierte la investigadora

Sin soluciones mágicas

Muchos dedos apuntan hacia la concreción del referéndum revocatorio como salida, si no a todos, a buena parte de los males. No obstante, Yorelis Acosta remarca que no es “una solución mágica”.

-¿Puede aliviar el referéndum ese malestar social del que usted habla, gane quien gane?

-Aquí algo que nos puede ayudar es el diálogo, porque estamos muy cansados del conflicto, y el conflicto político se ha extendido a otros espacios.

-¿Es más diálogo que revocatorio lo que necesitamos?

-Es que no va a haber una sola solución. Te tienes que mover en varias. Y, por supuesto, el compromiso de los políticos de hacer lo que hay que hacer, de pensar en el bien común, de tener un plan de trabajo que puedas ejecutar. Ahora hay que ser eficiente.

-¿Cuál sería el diálogo eficiente para atender el malestar social?

-Primero, el reconocimiento del otro. No puedes sentarte a hablar con el otro si dices que es apátrida, o viceversa. Cuando dices “esta Asamblea no sirve” estás negando a la Venezuela que se expresó allí. Hay que evitar los calificativos. La Asamblea no es adeco-burguesa; por ella votó un montón de gente. Hubo sectores populares que el chavismo perdió y que se expresaron allí. Debemos buscar las cosas que nos unan. Cada vez que un político dice “ellos y nosotros” está resaltando la polarización. Tiene que ser un “nosotros” y las cosas que nos unen.

-¿Qué tenemos en común?

-Ahora, el sufrimiento. El sufrimiento es total. El año pasado hubo dos pronunciamientos del Colegio de Psicólogos en los cuales se hablaba de una epidemia social.

Se corre el riesgo de naturalizar lo terrible. “No debemos. La realidad es que no estamos acostumbrados a esto. La gente está haciendo algunos arreglos conductuales, está cambiando sus hábitos. Somos una sociedad que está en movimiento”.

-¿Cuáles son los factores protectores?

-La polarización, el sufrimiento nos han obnubilado, y tenemos un pensamiento total trágico: “Nada está funcionando”. Yo les propongo a las personas: hay que ver los árboles en el bosque, quitarnos esa expresión de catástrofe.

Sí, tenemos una realidad: el Gobierno tiene que hacer un diagnóstico cierto y hacer lo que tiene que hacer. Si debe importar comida, tiene que hacerlo. Ahorita, que reactivar el aparato económico destruido va a necesitar tiempo, tienen que garantizarle a la gente alimento y medicinas. Pero el Gobierno no está haciendo lo que tiene que hacer. Sin embargo, sí creo que hay pequeñas cosas que nosotros podemos hacer.

-¿Cuáles son?

-Le dije a un paciente hace poco que hiciera una lista de sus fortalezas. Tenemos muchas fortalezas y hay que buscarlas. Nosotros somos demócratas, nosotros somos pacíficos. Las protestas violentas son minoría en comparación con otros países. Pero en este momento de necesidad estamos trabajando con los instintos, y si trabajas con los instintos le queda menos espacio al razonamiento.

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