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Francisco Vázquez: El abuelo de Los Bagres

Francisco Vazquez (4)
La vejez es una condición a la que muy probablemente llegarás algún día, y por lo tanto, debes tratar a todos los ancianos con los que te relacionas, de la misma manera cómo quisieras que lo hicieran contigo en su debido momento.

La familia Sojo, cuenta con su abuelo Francisco Vázquez, para ellos es sencillo disfrutar de él, le dedican unos minutos, escuchando sus historias, leyéndole un cuento o algunas páginas de su libro o periódico preferido, acompañarlo a escuchar ese disco que tantos recuerdos les trae o disfrutar juntos de una deliciosa bebida….

Francisco Vázquez, el abuelo, nace en una choza con paredes de barro, el 04 de octubre de 1918 en la comunidad rural Los Bagres, ubicado en el municipio Juan Germán Roscio del hermoso estado Guárico.

Francisco Vazquez (5)

Hijo de Rosa Vázquez, mujer humilde de buen corazón. Queda huérfano con tan solo 9 años, viviendo una triste infancia. Nos acercamos a conversar con el abuelo Francisco.

Abuelo cuéntanos de tu infancia, ¿Qué recuerdas?

Yo estaba chavalo (muchacho) dormía en el suelo con un saquito en el ranchito donde nací, en donde viví con mi mama, a veces comía y a veces no y en las noches me sentaba largos ratos en espera de algo de comer por voluntad de una vecina que vivía en una casa vieja y que tenía una mata de mamón grande a la que yo llamaba la mamona, yo siempre fui un hombre hacendoso

¿A qué edad formaste tu familia abuelo?

Ya ni recuerdo yo era un muchacho “chicharrachero”, ( queriendo decir dicharachero)  me llevé a María Sojo una muchacha bien bonita que también vivía aquí en Los Bagres, cuando me la lleve me ganaba el sustento haciendo mandados a los vecinos, y tumbaba conucos ( limpiaba)

¿Cuántos hijos tuvo?

Con María tuve dos hijos: Ana María y Julián Sojo y con la señora Cecilia Sojo que también era una mujer muy bonita, tuve dos hijos más, Alberto Sojo y Josefa Sojo.

De ambas mujeres hoy disfruta su longevidad con la compañía de una amplia familia 4 hijos, 19 nietos, 30 bisnietos, 5 tátara nietos, 2 yernas un yerno, vecinos y amigos que pendientes del abuelo les encantan escuchar sus buenas historias del pasado.

Francisco Vázquez, con un solo nombre y un solo apellido,  con 98 años de edad, una mente clara y lúcida espíritu alegre, con huellas dejadas por el tiempo en sus piernas que le da una apariencia encorvada, producto del arduo trabajo del campo.

El reposo del guerrero

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Con su hija y su nieta

Hoy vive con su hija mayor Ana María Sojo y su nieto Pablo Sojo, puede decirse que goza de buena salud , no consume ningún tipo de medicamente y lo que si le fascina es lanzarse sus lamparazos (tragos) de aguardiente blanco (caña clara) distribuidas en porciones pequeñas por su familia, quienes ya no les gusta que el beba pero se los dan para alegrarlo de vez en cuando

Ya casi no camina ni ve, producto de su vejez. Fue operado de la vista en La Habana, Cuba no siendo exitosa la operación y quedando con visión borrosa debido a su edad.

Le gusta contar las anécdotas de su vida habla con refranes populares, uno de los refranes que más le gusta es – Gracias a la providencia dicen los venezolanos que a nacido un buen hermano con buena correspondencia, porque las pedradas vienen de aquel que uno menos piensa.

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Con esa picardía que lo caracteriza el abuelo Francisco  le gusta compartir el tema de la belleza, los secretos y encantos de las musas de su tiempo.

Es considerado por sus amigos y vecinos como un buen hombre y quien llegaba a su casa comía porque él con su hospitabilidad promocionaba la sabrosa sazón de la comida de su hija Ana María.

Siempre humilde

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Dando un vistazo por su vivienda vemos que aun vive en una humilde morada con amplios árboles frutales a su alrededor, como mango, tamarindo, guanábana, mamón, palo pan, yuca, ocumo y topocho entre otros.

Su familia se siente orgullosa de su abuelo, quien acostumbraba a caminar todo el campo y desde Los Bagres a San Juan con un saco de yuca o verdura en el hombro, para venderlo y llevar alimento a su familia, así como también bajaba esos sacos pesados desde la Rinconada (su conuco) hasta su casa.

De muchacho le trabajó al Sr. Domingo Perdomo, recibiendo como pago alimentos pues su objetivo era velar bregando por su familia.

Los abuelos son el mayor tesoro de la familia, los fundadores de un legado de amor, los mejores contadores de historias, los guardianes de las tradiciones que perduran en el recuerdo. Los abuelos son las bases solidas de la familia, su amor muy especial los diferencia.

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Ramilza Mezones
Especial para El Tubazo Digital

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