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Francisco de Miranda crítico de arte estuvo en Venecia

mirandaEl ilustre caraqueño estuvo en la República de Venecia en 1785 del 12 al 17 de noviembre. No conoció el Teatro La Fenice, inaugurado el 16 de mayo de 1792, siete años después de su estada en la ciudad estado que dio nombre a su país Venezuela.

En el Diario de Viajes de “el más ilustre colombiano” –tal como le llamó el Libertador en 1826–, están los pasos y la vivencia de este paradigma y Protolíder de la Independencia de América. Don Mariano Picón Salas lo define como “hombre síntesis”. Rafael Pineda, en el XVI Congreso Extraordinario/XXXVI Asamblea General de la Asociación Internacional de Críticos del Arte (AICA) en 1983, le califica para honra del país y de América toda, “primer crítico de arte”.

La crítica de arte es parte de la formación de un hombre integral
Miranda fue un agudo y puntual crítico de arte, si a entender convenimos en que tan válida es la reflexíón artística-estética como ejercicio y disciplina del espíritu para sí mismo, como la que se hace con propósito de publicación, de guía o teoría para un determinado público.

Era fundamental para los hombres de la Ilustración, tiempo al que pertenece el polémico y todavía hoy adversado Precursor, “participar en todo y explicárselo todo a través del método racional y empírico, la pasión de libertar y la voluntad de comprender”. (Carlos Gottberg).

Don Sebastián Francisco, este era su nombre completo, en el Diario de Viajes “apunta minuciosamente las características de los países visitados, incluyendo comentarios políticos, históricos, literarios y artísticos, así como de las personalidades que conoce, lo que lo convierte en el mejor memorialista de su época”. (Josefina Rodríguez de Alonso).

Algo de crítica y de acción cultural
Corresponde al ilustre caraqueño poner una piedra a favor del resguardo del Patrimonio Cultural de la Humanidad, por esa permanente actitud de conciencia y vigilia frente a lo que sea de interés por y del hombre. En momentos dramáticos en que la Revolución Francesa está en trace de caer en el Consulado y del Imperio del Gran Corso, Francisco de Miranda como la “primera espada de la gironde” “se enfrentó al Directorio y a Napoleón, condenando el saqueo de los tesoros artísticos de Italia y de otros pueblos”. (Miguel Castillo Didier).

En el Diario de Viajes, incluido dentro de los 63 Tomos del Archivo General de Francisco de Miranda, por caso, aparece registrada en su viaje a Venecia la obra Júpiter Aniquila los Vicios con el Rayo de Veronés, descrita por el caraqueño, confiscada por los franceses y llevada al Museo del Louvre (París), en 1797.

De tal modo que, independientemente de valor memorístico, el Archivo tiene un inventario del patrimonio artístico, muy particularmente de Italia. Este periplo lo estudia abundantemente Rafael Pineda en dos libros: Francisco de Miranda en Italia (1966), y Francisco de Miranda. El Primer Crítico de Arte (1986).

Comenta al referirse al ilustre Precursor este crítico: “El hecho de que la Naturaleza haya perfeccionado todos o casi todos sus designios en una sola persona, origina también la mayor perplejidad ya sea dentro o fuera de los límites de la Enciclopedia”. El polémico escritor Salvador de Madariaga dice del archivo mirandino: “uno de los tesoros de la historia europea”. El dominicano Pedro Henríquez Ureña resalta que estos papeles “carecía (n) de ambiciones literarias” porque no estaban hechos para un público sino para sí mismo, y agrega: “Sus comentarios son breves y agudos, muy a menudo, también, enteramente imprevistos”.

Miranda en Venecia
Los viajes de Miranda para cultivarse y complementar aquello que la formación española no pudo advertir ni “implementar” para el porvenir, van de 1778 a 1789. Estuvo en tres oportunidades en Italia; en 1785 y en 1788. Entre el 12 y el 17 de noviembre de 1785 visita la República de Venecia.

No conoció el atento viajero el recién siniestrado teatro La Fenice. Aún no había comenzado la edificación de esta joya de la arquitectura teatral, según proyecto del arquitecto Antonio Selva sobre las ruinas del teatro San Benedetto. Precisamente en ese escenario, previo a la fábrica de La Fenice, que se inaugura el 16 de mayo de 1792, Francisco de Miranda estuvo en una función, cuyos comentarios no son muy estimulantes. Se ve que el teatro era el viejo proscenio parapeteado de 1773. Dice: “De aquí pasé al teatro San Benedetto, donde vi una ópera seria, malísima, que me molió el alma y la paciencia hasta cerca de medianoche que concluyó… Qué teatrazos y que populacho, siempre es necesario tomar un palco, que al menos cuesta cinco paolos, porque al patio no se puede ir absolutamente”. (Francisco de Miranda, Diario de Viajes, 12/11/1785).

De esos cinco días que pasa en Venecia don Francisco de Miranda, que la visita y repasa con ojo escrutador y crítico, hay importantes comentarios y juicios. Es sorprendente que en sus viajes por Italia, el caraqueño se manejaba con el arte del Cuatrocientos y del Quinientos con conocimientos, naturalidad e intuición, sin tener hasta llegar a Génova el clásico libro de Giorgio Vasari las Vidas de los excelentes Arquitectos, Pintores, Escultores. Esa guía del Renacimiento la conoce después de su primer viaje por Italia.

Y dice el escritor Rafael Pineda: “Pero, qué tarde es para guiarse por este baedacker renacentista, si bien su utilidad fue suplida por el venezolano con no poca fantasía y, sobre todo con un amor indeclinable por las artes italianas”. Enamorado del arte de Sansovino, del arte, la gracia y el método del Andrea Palladio, de los cuatro caballos atribuidos a Lisipo, Miranda registra estas obras maestras de la escultura y de la fundición.

Dice: “Se ven cuatro caballos de un bronce superfino, tamaño natural, que es la mejor de cuantas producciones de arte se ven por allí. ¿Oh qué bellísimas figuras! No se harta uno de verlas. Estas obras de Lisipo, se dice ornaban el famoso Arco de Nerón, en Roma…” (Miranda, Ibíd., 15/11/1785). Los cuatro caballos sobre San Marcos fueron arrebatados por Napoleón y finalmente devueltos a Venecia a la caída de aquel.

El hijo de Venecia la chica, Venezuela, Francisco de Miranda cuando entra a la ciudad de los canales escribe: “¡Tantos hermosos y soberbios edificios que parece salen del agua! La vista del hermoso Canal Grande y del a Guidecca, con las islas adyacentes de San Girogio Maggiorse, de la Madonna dele Grazie, etc… todo forma un objeto grande y hermosísimo…” Seguidamente habla de las pésimas condiciones higiénicas del lugar. De que huele, huele

Elaborado por: Dr Rafael A. Pérez R.

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