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Así es el entrenamiento de un corredor ciego (+Fotos)

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Cada mañana cuando el sol apunta en la carretera que lleva a Kikuyo, un pequeño pueblo al noroeste de Nairobi (Kenia), se puede vislumbrar una silueta formada por un grupo de atletas que sorteando coches, camiones y matatus recorren cada día unos 20 kilómetros.

Nada extraordinario en un país conocido por ser la cuna de los mejores corredores de fondo, donde es habitual ver atletas entrenando en cualquier carretera, colina o parque. Pero cuando el grupo se acerca entendemos qué tiene de especial y es que todos sus miembros son discapacitados físicos, entre ellos Henry Wanyoike, tres veces medalla de oro en juegos paralímpicos y récord mundial en maratón para invidentes.

La mayoría de ellos sueñan en convertirse en atletas profesionales y encontrar así un modo digno de vida, Henry es su mejor modelo a seguir. Su historia es una historia de superación y triunfos pero también de sufrimiento y fracasos en la que ha conseguido convertir el atletismo en su profesión desde hace más de 15 años.

El 1 de mayo de 1995, la vida de Henry Wanyoike cambió radicalmente al quedarse casi completamente ciego a causa de un infarto cerebral. Como él mismo reconoce, al inicio fue muy difícil: “El día que perdí la vista pensé que era el fin de mi vida. Siempre había soñado con ser un atleta y pensé que todo había acabado, entré en una difícil etapa depresiva y llegué a considerar el suicidio como la única solución a mi sufrimiento”.

Gracias al centro de rehabilitación para invidentes en Machakos (Machakos Technical Institute for the Blind) logró aceptar su condición física. Le costó tres años asumir su discapacidad y retomar las ganas de correr pero finalmente empezó a entrenar con un guía. Y, sin saberlo, Henry inició un camino que lo llevaría a convertirse en uno de los deportistas discapacitados más respetados de Kenia, además de un firme defensor de los derechos de las personas discapacitadas.

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Una vez finalizado su entrenamiento, se acomoda en el salón de su casa en una pequeña población de la zona rural de Kiambu, alejada de la polución de Nairobi y rodeada de gallinas y vacas, y disfruta de un típico desayuno keniano: té caliente con mandazi (pan dulce).

Henry explica que el trabajo en equipo ha sido la clave de sus éxitos y que para él hubiese sido imposible llegar dónde está sin contar con un guía. Para los corredores invidentes, esta figura se convierte en un compañero en el que depositan toda su confianza. “No sólo es una persona que corre contigo sino también alguien que te alienta y anima en los momentos más difíciles, siempre está ahí”.

Paul Wanyoike acompaña a Henry en las competiciones y entrenamientos. Discretamente siempre a su lado, reconoce que correr con este atleta es un privilegio y un reto, una oportunidad para vivir momentos únicos en la historia del deporte keniano.

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Henry no recuerda cuántas copas y medallas conserva en su casa; todas significan mucho para él porque son un reconocimiento al esfuerzo realizado. Pero entre los trofeos hay, sin duda, dos de los que se siente especialmente orgulloso: uno es la medalla de oro en 5000 metros de los Juegos Paralímpicos de Sydney en 2000. “Fue un momento decisivo, esa medalla fue una revelación, me hizo entender porqué empecé a entrenar”. La otra es la medalla de la maratón de Hamburgo de 2005, en la que batió el récord mundial con un tiempo de 2:31:31 tan solo una semana después de haberlo batido por primera vez en la maratón de Londres con un tiempo 2:32:51.

Todos sus éxitos le han valido el reconocimiento en su país, lo han convertido en un orgullo nacional y un firme ejemplo de superación y determinación. Henry ha aprovechado esa fama para hacerse escuchar y defender los derechos de los discapacitados así como la importancia de aplicar una política de inclusión en la sociedad keniana. No se cansa de repetir que discapacidad no es incapacidad. “Es importante que la gente de nuestro país sepa que somos capaces de hacer todo, sólo necesitamos oportunidades para demostrarlo”, afirma.

Quizás por eso decidió crear en 2005, con su amigo de escuela Gideo Gachara, la Fundación Henry Wanyoike, destinada a luchar contra el estigma que sufren quienes padecen una discapacidad física. Desde entonces, gracias a donaciones de particulares y organizaciones, llevan a cabo diversos proyectos para mejorar la calidad de vida de personas con escasos recursos económicos, desde aportaciones de material básico como sillas de ruedas y bastones para invidentes hasta la esponsorización de la educación para niños, operaciones de vista, construcción de guarderías y, uno de sus últimos programas, la donación de una vaca por familia. “Con una vaca la familia puede mejorar su nutrición y obtener ingresos vendiendo la leche. Gracias a este programa la vida de muchas familias de nuestra región ha mejorado”, asevera Henry.

“El día que perdí la vista pensé que era el fin de mi vida. Siempre había soñado con ser un atleta y pensé que todo había acabado”.

HENRY WANYOIKE, ATLETA

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Además, la fundación realiza cada año la Carrera de la esperanza para el futuro (“Hope for the future run”), un evento deportivo y festivo cuya última convocatoria contó con 15.000 inscripciones. A través del deporte, la fundación quiere sensibilizar a la comunidad sobre el estigma que todavía existe respecto a los discapacitados en el país. “Hay familias que esconden a sus hijos discapacitados en sus casas, no los dejan salir por miedo y vergüenza, privándolos de todo derecho” .

Henry sabe que la educación es clave para sensibilizar a la sociedad; por eso, parte de su trabajo consiste en visitar escuelas por todo el país, donde explica su trayectoria y cómo sorteó las dificultades para conseguir sus sueños. Aunque todavía queda mucho por hacer en Kenia, reconoce que se están dando pasos para reconocer todos los derechos de las personas discapacitadas y se siente especialmente orgulloso de ser desde 2013 el representante de los discapacitados físicos en la asamblea regional de Kiambu, su región, y contribuir así a mejorar la legislación a su favor.

Cuando se le pregunta cuál es su siguiente meta como atleta, sin dudarlo responde que es participar en los Juegos Paralímpicos de Río. Henry y su compañero Paul forman parte del equipo, formado por 14 deportistas que representarán a Kenia en septiembre. Esta vez correrá en la maratón y espera batir otro récord mundial.

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Fuente 

El País 

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