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Las escuelas matan la creatividad

No sé si empiezan las clases o empieza la sesión de chorradas educativas. Entre los tipos que se creen que mandando un vídeo de tres minutos para casa se ahorran explicar un tema a sus alumnos y así alargan, sin llamar deberes, las horas lectivas de su asignatura hasta llegar a aquellos que creen que, por no se sabe qué pensamiento mágico, su hijo por ser hijo suyo es un genio, vamos apañados. Bueno, todo ello aderezado por el típico mantra, sin el cual no estaría una charla educativa completa de… “las escuelas matan la creatividad”. Claro que sí. Con un par. Pero qué listos son algunos. La culpa de la falta de creatividad es que existan las escuelas y, curiosamente, quienes defienden lo anterior son producto de la escuela. Hay que joderse. Si uno cree que la escuela mata la creatividad que no ejerza de docente. Ya, sé que no importa la vocación ni las creencias y sí la profesionalidad pero, coño, ha de ser muy nefasto para la salud mental colaborar en algo que uno no cree. Por cierto, no estoy hablando de vocación.

También resulta curioso que, a pesar de no ser obligatoria la escolarización hasta los seis años, todos los defensores de esa frase llevan a sus hijos a los 3 a la escuela. Bueno, antes a la guardería. Es que, por lo visto, lo prioritario es aparcar a los chavales en esos lugares donde les van a matar toda la creatividad. Que, como he dicho antes, sus hijos son genios en potencia, creativos a tope y, por desgracia, ese currículum encorsetado impartido por ogros de diferentes tamaños y pelajes, va a cargarse todo lo anterior. Por qué no dejar a los chavales al albur de hacer lo que les roten sin coartar sus tiempos. Sí, como en Sudán, Etiopía u otros países que, en cuanto a creatividad, son tan creativos que tienen una esperanza de vida muy baja. Pero compensa. Compensa no tener médicos que, en medio de una operación, sean capaces de ser creativos decidiendo cómo afrontar los problemas que se pueden encontrar. Ya, no son creativos… son autómatas y por eso saben curar. Hay que joderse. No sé si alguien entiende que todo el mundo no es creativo ni de la misma manera. Por cierto, ¿qué es ser creativo? Coño, pues ser creativo es ser capaz de dar clase sin recursos, con más ratios y consiguiendo que, al final, los resultados mejores. Ya, posiblemente, sea debido a que la falta de recursos agudiza el ingenio pero, aquí entra una dosis de creatividad gracias al aprendizaje que algunos llevan de esa escuela que a algunos les da grima. Seguro que con una tasa de analfabetismo en los años cincuenta aberrante éramos mucho más creativos. Bueno, moríamos antes. Seguro que esa era la causa de que no se pudiera expresar la creatividad.

¿Os acordáis de aquellos que pensaban que la creatividad se podía aprender o de los que siguen defendiendo una teoría acerca de inteligencias múltiples que, lo único que parece, es que algunos no tengan de eso que tanto se empeñan en taxonomizar? Y, curiosamente, los mismos que defienden que las escuelas fulminan la creatividad. Qué complicado es ser coherente. Más aún cuando nadie ha puesto encima de la mesa el concepto de creatividad ni tan sólo ha puesto los parámetros para evaluarla. Ah, que la creatividad no se evalúa o sólo se hace en función del creativo de turno. Es que seguro que a Google les interesan tipos sin estudios porque lo que nos venden en las películas es que hay genios que, al no haber pasado por la escuela y fracasado en ella, lo son. Lástima que después desde el propio Google lo desmientan.

Claro que hay genios y personas extremadamente creativas. Siempre las ha habido y siempre las habrá pero, por favor, intentemos desvincular la creatividad del aprendizaje porque, a diferencia de atarte los cordones del zapato o a ir en bici, a ser creativos no hay manera de aprender. La escuela ayuda a los que no son creativos para que tengan un futuro. La escuela no es el enemigo de la creatividad. La escuela, con todas sus variantes, metodologías o, simplemente, profesionales que se hallan en esos lugares, no tienen ninguna intención de matar la creatividad. El hombre del saco tiene un problema… que no existe. Algunos ya deberían tenerlo claro pero, si aún así se sigue creyendo en unicornios azules, frases branding o, simplemente, ficciones educativas a una cierta edad, la cura ya se hace imposible.

Como dije hace un tiempo no hay que supeditar el aprendizaje a la creatividad. Hay que supeditar el día a día a reforzar las habilidades de uno y, como no, a dejarnos de comprar sofismos únicos para todos nuestros estudiantes. Que la creatividad no se aprende ni se destruye en el aula, por mucho que algunos se empeñen en dar conferencias o editar libros vendiéndonos lo anterior.

Aprovecho este artículo para incentivaros a que os hagáis una cuenta en Twitter. No, quizás no aprendáis mucho porque cada vez hay más tipos vendiéndose que cosas compartiéndose pero, si tenéis un poco de sentido común, os reiréis un buen rato al ver como algunos tuitean ciertas cosas sin ningún sonrojo. Bueno, a lo mejor lo tienen… pero como tampoco puedes saber la cantidad de gintonics vacíos que uno tiene al lado del teclado.

xarxatic.com

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