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El reto es educar para cambiar paradigmas

Las principales universidades del país sufren por el éxodo de profesores y estudiantes, el intercambio de conocimientos y las investigaciones también se han visto afectados por la crisis.

Caracas.- La fuga de catedráticos al exterior, el éxodo de estudiantes, los sueldos insoportables, las fallas de infraestructura, la falta de recursos para la formación y la investigación. Con prácticamente todo en contra, las principales universidades del país tratan de sortear las amenazas con un norte claro: formar no solo a un profesional competente sino a un ciudadano distinto.

Hay consenso entre los docentes universitarios en la necesidad de privilegiar la llamada educación transformadora, aquella que más allá de impartir contenidos, enseña habilidades como la de trabajar en equipo, ejercer liderazgo de manera positiva, entender las necesidades del otro y adaptarse a ellas, proponer y ejecutar soluciones y no tenerle miedo al cambio.

Competencias necesarias en un entorno marcado por renuncias de docentes altamente capacitados que buscan oportunidades en países como Ecuador, Uruguay, Perú, Chile, Argentina, Panamá y Estados Unidos.

Según la Asociación de Profesores de la UCV, su personal académico es de unos 2.600 docentes activos, pero requieren unos 1.500 más para cubrir el déficit. De acuerdo con la Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar ha perdido unos 600 docentes en los últimos dos años. Las consencuencias del éxodo se evidencian en todas las casas de estudio.

Los que se quedan son vistos como héroes, tomando en cuenta que un docente a dedicación exclusiva, en el tope de la carrera universitaria, gana menos de 50 dólares, explica Napoleón Franceschi, profesor de la Universidad Metropolitana. Agrega que en los años 80 un docente universitario ganaba un promedio de 2 mil dólares mensuales.

La imposibilidad de adquirir bibliografía y de viajar para intercambiar conocimientos y mantenerse actualizado también atenta contra la profesión. Los anima encontrar alumnos preocupados por su entorno, con alta conciencia política e histórica.

Pero también se enfrentan al rostro menos alentador de la crisis, el de los jóvenes que quieren incorporarse a la vida económica en un país normal y cuyo principal proyecto es emigrar. En medio de este escenario, hay profesores universitarios intentando cambiar paradigmas y empoderar a sus estudiantes.

Empoderar al estudiante

Con 41 años dedicado a la docencia y a la investigación, Luis Zambrano Sequín sigue activo en las aulas de pregrado y posgrado de la Universidad Católica Andrés Bello, enseñando Teoría Económica. Desde el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de esta casa de estudios se cuestiona cómo la revolución tecnológica pone en tela de juicio los modelos tradicionales de aprendizaje.

“Enseñamos contenidos cuando lo que debemos enseñar son competencias. El reto es ‘construir’ ciudadanos creativos, emprendedores, críticos, competentes en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, con altos dotes sociales, una elevada capacidad de adaptación, y eso no es exactamente lo que estamos formando”.

Luis Zambrano, profesor de Teoría Económica de la UCAB, con 41 años dedicado a la docencia y la investigación.

El miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas considera que es necesario pasar de un sistema educativo basado en el control a uno que se centre en el empoderamiento del estudiante. “No se trata de evaluar si sabes o no lo que yo te transmito sino valorar destrezas como autonomía, adaptabilidad, tratamiento de la información. El estudiante debe construir su propio conocimiento”.

A su juicio, el nuevo modelo de enseñanza en Japón es ejemplo de esa revolución educativa que se impone y que busca formar ciudadanos preparados para actuar en cualquier parte de manera productiva.

En el sistema japonés no hay tareas y por doce años se imparten seis materias fundamentales: aritmética de negocios, lectura (leer un libro por mes), civismo (respeto a las leyes, al medio ambiente, ética, altruismo), computación (negocios en línea), idiomas, culturas y religiones.

En Venezuela, asegura, las universidades sufren el drama de la alta tasa de rotación de profesores jóvenes, que encuentran mejores oportunidades en el exterior. “Y, en el caso de los estudiantes, el proyecto del 80% es irse del país. Antes todos los semestres teníamos estudiantes de América Latina y existían posgrados para profesionales de otros países. Se ha perdido capacidad y calidad y es prácticamente imposible para un docente mantenerse actualizado pues no hay recursos para formación”.

La adversidad es pedagógica

Magíster en Historia de Venezuela y doctor en Historia, Rafael Arráiz Lucca es profesor titular e investigador de la Universidad Metropolitana. “Tengo veinte años dando clases todos los días de mi vida. Tres años en la Universidad del Rosario en Bogotá y diecisiete en la Unimet”.

Durante este tiempo ha sido testigo de cómo ha cambiado el perfil de sus estudiantes. “Hoy los alumnos tienen una mayor conciencia política e histórica, han crecido en un país con enormes dificultades y la adversidad es pedagógica, son personas más maduras”.

Rafael Arráiz Lucca es profesor titular e investigador de la Universidad Metropolitana hace 17 años.

Para el vicepresidente de la Academia Venezolana de la Lengua, lo que debe definir a un profesor universitario es el amor por lo que hace y un conocimiento a fondo de la materia que imparte, unido al desarrollo de facultades comunicativas importantes y al uso de las técnicas pedagógicas que se apoyan en las nuevas tecnologías.

“Las clases magistrales no tienen sentido. Las mías son dialogales y críticas. La participación del alumno es fundamental y éste debe recibir el plan de trabajo que le permita hacer las lecturas previamente para que se genere la discusión. Yo practico el método socrático. Sócrates enseñaba dialogando con sus discípulos, no creo en métodos autoritarios”.

Arráiz Lucca destaca que la hiperinflación y la estructura de incentivos económicos inciden negativamente en la formación del docente. “El acceso a la bibliografía se ha hecho difícil por la crisis, eso dificulta la investigación”, dice el historiador y agrega que este año se fueron al exterior 10% de los profesores de la Metropolitana.

“Lo bueno es que se han abierto concursos y se han presentado muchos docentes. Ahora hay profesores mejor formados que antes, con doctorados y magíster”.

El viernes unos 3 mil alumnos presentaron prueba de admisión en la Unimet, un número importante, a juicio del historiador. “La Metropolitana, durante años, tuvo una competencia que era Cadivi, porque muchos padres preferían que sus hijos estudiaran afuera. Ahora, en un salón de treinta alumnos, diez vienen del interior del país buscando calidad educativa”.

Transformar la realidad

Carlos Manterola es profesor titular de la Escuela de Educación de la Universidad Central de Venezuela. Tiene 33 años en esta casa de estudios y asegura que no hace exámenes por considerarlos una barbaridad.

Carlos Manterola es profesor titular de la Escuela de Educación de la Universidad Central de Venezuela con 33 años en esta casa de estudios

Para este doctor en Educación, enseñar y evaluar son lo mismo: una conversación. Y es en ese diálogo entre profesor y alumno donde se aprende. “La mejor manera de conocer a los estudiantes es conversando con ellos, les hablo todos los días. Y al comenzar el curso les pido una autobiografía para conocer cuáles son sus preocupaciones, intereses, necesidades y problemas. El centro de la didáctica es el alumno no el profesor”, dice Manterola, para quien el reto fundamental radica en cambiar paradigmas.

“Transformar la concepción curricular actual por una alternativa interdisciplinaria basada en los problemas y retos que circundan al estudiante. La escuela de hoy fue muy útil durante 300 años pero ya no sirve. Todo ha cambiado menos la escuela. No es posible que mis nietos estén estudiando lo mismo que yo estudié hace 60 años”.

Aunque el conocimiento se fundamenta en el error, en las aulas se castiga el error, en lugar de centrar la atención en las potencialidades del estudiante, destaca el académico, para quien es necesario enseñar competencias: saber comprender y argumentar, trabajar en equipos heterogéneos, ser auto responsable y creativo, usar las herramientas tecnológicas disponibles.

Lograr que el aprendizaje sea significativo y no aislado y que el alumno entienda para qué le sirve lo que está aprendiendo es fundamental, a juicio de Manterola. “El desafío es ayudar al estudiante, por medio del diálogo y la discusión, a que se conozca mejor y comprenda los problemas de su entorno y del mundo, para luego transformar la realidad. La educación tiene que ayudar a resolver los problemas en todos los niveles”.

Lamenta que profesores venezolanos se estén yendo a Ecuador y a Perú, países que han desarrollado políticas inteligentes para atraer docentes. “Mientras tanto aquí estamos formando a nuestros bachilleres en cinco semanas porque no hay maestros”.

Fuente

Delia Meneses

El Universal

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