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Proponen la revolución de los viejitos en Guárico

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Las revoluciones- al menos las que conocemos-, las han ideado, iniciado, protagonizado y dirigido los jóvenes letrados, cultos. Con un dedo pueden contarse las excepciones.

Uno ha sido revolucionario del siglo XX. Desde nuestra adolescencia, al llegar al liceo Roscio, militamos en una tendencia progresista, anticolonialista. Detestamos ese nacionalismo de dictadores, ese liberalismo de godos encubiertos y esas obsesiones redentoras de caudillos de toda laya.

Aprendimos, con Alirio Rangel, Temístocles Salazar y Simón García-Puyuta- que revolución es cambio de estructuras, no de coyunturas. La primera, es tarea del ser humano con sus acciones y decisiones.

Una revolución es para vivir mejor, para avanzar, no para retroceder o regresar. Nuestra intención de cambio se ha materializado en cuanta actividad hemos tenido parte. Cuando las estructuras se hacen obsoletas, inaplicables, inoperantes, los modelos se agotan, hay que hacer una revolución.

Estoy proponiendo un cambio de estructura social en relación a los seres humanos de cualquier sexo, que estemos en la vejez, senectud, tercera edad o en la nueva categoría de adulto mayor.

 Es una revolución para romper un esquema, establecer un nuevo paradigma, sembrar una semilla para recoger una cosecha. Se trata de REVOLUCIÓN DE LOS VIEJOS, ESTABLECER EN EL MÁS ALTO RANGO LEGAL- la nueva constitución- el derecho de los viejos, de la gente mayor, de tener una nueva forma de vida y de muerte. El derecho a vivir y a morir en paz. Derecho a vivir nuestra propia vida y nuestra propia muerte, sin interferencias en nombre de nuestro bienestar.

Se trata de penalizar los maltratos a los viejos. No el maltrato físico de golpes o empujones, se trata del maltrato sicológico. Castigar a los culpables de atropellos como juicios de anti valor sobre nuestras limitaciones, sanciones pecuniarias, con trabajo comunitario en geriátricos y con restricción de la libertad, a quienes nos ofendan, atropellen, maltraten, abandonen o enjuicien nuestras acciones u omisiones.

Es un derecho inherente a nuestra condición humana que no está consagrado. Los viejos debemos ejercer nuestro derecho a recordar o a olvidar con o contra la voluntad. Nuestros consejos previsivos nos hacen llamar “necios”, “fastidiosos” y “Ladillas”, por decir lo menos, lo que debe ser considerado afrenta a la experiencia. Debemos lograr que podamos vivir nuestra propia vida y nuestra propia muerte, y no hay redundancia, en un estado de cosas, donde los familiares además de vivir sus vidas, quieren vivir la de uno.

Los gestos y o palabras de desaprobación, burla o rechazo de que somos víctimas, constituyen atropello contra los cuales no estamos protegidos legalmente.

Es necesario, en ese nuevo orden legal, que en la casa, en la calle o en asilos, hogares o cualquier otro lugar, los viejos, los senectos, los de la tercera edad, los adultos mayores o como se nos llame, podamos decidir donde, cómo y con quien vivir y también, cuando y como morir. Proponemos la creación de una nueva figura jurídica La AUTOTANASIA.

Otras notas de interés 

Lo escuché en la radio: ¿En qué planeta vive ese hombre?

Argenis Ranuárez Angarita

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