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Andrés Eloy Blanco y su “Canto de los hijos en marcha”

Este poema, escrito en mayo de 1929, cobra vigencia a la luz de los hechos actuales.

Madre, si me matan,/ que no venga el hombre de las sillas negras;/ que no vengan todos a pasar la noche/ rumiando pesares, mientras tú me lloras (…)”. Así comienza el poema Canto de los hijos en marcha, que escribió el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco en mayo de 1929, cuando estuvo preso en la cárcel de La Rotunda

De Blanco se conmemoran mañana domingo 62 años de su fallecimiento, acaecido en Ciudad de México. El poema citado viene a colación, a propósito de los recientes hechos que acontecen en el país, en los que son los jóvenes estudiantes quienes mayormente han protagonizado las manifestaciones.

El Canto de los hijos en marcha -se dijo- fue escrito en La Rotunda, y el propio poeta mencionó lo siguiente en sus Obras Completas: “fui sometido en La Rotunda de Caracas a la tortura del hambre. Incomunicado con reja y ‘cortina doble’, con un par de grillos de 80 libras en los pies, por toda cama el suelo”. Eran días aciagos, y la protesta estaba dirigida contra la férrea dictadura gomecista.

Incluso, con esos versos el poeta, quien contaba en ese entonces con 32 años de edad, apoyaba a los estudiantes de la Generación del 28, y hasta contribuyó con la joven sangre aportando la letra del Himno a los Estudiantes.

Hace tres años, la periodista Milagros Socorro analizó el texto poético y publicó un trabajo en el portal KonZapata, donde relacionaba el poema con las marchas y protestas de 2014, y lo definió como “una desgarradora letanía contra el asesinato de jóvenes, así como un manifiesto de amor a la vida en el que se perfila una concepción del heroísmo en la lucha política abrazado a la vitalidad y no a un espíritu solemne ganado para el sacrificio”.

Igualmente, en el prólogo del tomo 214 de la Biblioteca Ayacucho, titulado Poesía, de Andrés Eloy Blanco; el intelectual Domingo Miliani escribe: “La infancia y madurez de Andrés Eloy Blanco transcurren en medio de dictaduras: Cipriano Castro (1899-1908) y Juan Vicente Gómez (1908-1935). La plenitud y ausencia definitiva, en la de Marcos Pérez Jiménez (1948-1958)”, por lo que esa palabra que protesta está siempre presente en los versos del poeta, así como el carácter social de su obra, con lo cual se ganó a mucha honra el título de “poeta popular”.

“Yo era un poeta de Juegos Florales, casi un poeta de Salón. En la cárcel me encontré conmigo mismo y los versos de La juanbimbada son los versos de esa época”, señaló Blanco.

Vale recordar con Miliani, que Andrés “Mata, como director de El Universal, fue quien dio cabida inicial a los textos adolescentes de Andrés Eloy… En agosto de 1911 publica sus primeros poemas… Uno se titula El solitario de Santa Marta, escrito en dísticos alejandrinos. Otros dos son El solitario de Santa Elena y Walkiria”.

“Madre, si me matan…”

Se trata de un poema donde un hombre de armas, consciente de que puede morir en la lucha, le pide a su madre ciertas cosas por si acaso muere, y sobre todo, que el morir tenga algún propósito, no sea en vano. Son noventa versos, distribuidos en estrofas variables, con un verso inicial de seis sílabas métricas, y el resto de los versos son dodecasílabos, en su mayoría:

“Madre, si me matan,/ que no venga el hombre de las sillas negras;/ que no vengan todos a pasar la noche/ rumiando pesares, mientras tú me lloras;/ que no esté la sala con los cuatro cirios/ y yo en una urna, mirando hacia arriba;/ que no estén las mesas llenas de remedios,/ que no esté el pañuelo cubriéndome el rostro,/ que no venga el mozo con la tarjetera,/ ni cuelguen las flores de los candelabros/ ni estén mis hermanas llorando en la sala,/ ni estés tú sentada, con tu ropa nueva. (…)

“Lléname la casa/ de flores regaladas, como en una selva./ Déjame en tu cuarto, cerca de tu cama;/ con mis cuatro hermanas, hagamos consejo;/ tenme de la mano, tenme de los labios,/ como aquella noche de mi padre muerto,/ y al cabo, dormidos iremos quedando,/ uno con su muerte y otro con su sueño. (…)”.

Casi para culminar el largo poema, Blanco pone los emblemáticos versos citados como lema: “Ábreme la herida, ciérrame los ojos/ Y una palabra: Justicia/ escriban sobre la tumba (…)”.

Fuente

El Universal

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