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Mi encuentro con el Comandante Pablo      

 

Comandante Pablo (camisa roja de rayas blancas) junto al autor de este escrito

       

Me he comunicado con Juan Vicente el domingo 18 de junio de 2017, gracias a mi hija Adriana quien está haciendo su tesis de grado (en Historia) sobre la obra y la vida política del escritor guariqueño Argenis Rodríguez.

Mi hija le ha hecho una larga entrevista a Juan Vicente para su trabajo de tesis, y ahora Adriana siente admiración por el Comandante Pablo, por su vida y su conocimiento por la historia de Venezuela.

Conocí a Juan Vicente Cabezas, el Comandante Pablo, por allá en el año 1958, había caído la dictadura de Pérez Jiménez, los estudiantes eran entonces la mayor expresión de rebeldía y de lucha en el país; decir “estudiante? era decir libertad, gloria, patria, liberación revolución.

Los estudiantes no eran como los de ahora, muchachos sifrinos y con plata, de la clase media o alta, carajitos de bien que podían hacer lo que les daba la gana y nadie les podía tocar un pelo.

Yo tenía apenas 14 años, y había fundado la agrupación comunista Los Pioneros Rojos. Le compuse un himno parodiando el de la Federación. Un día recibimos en reunión plena al camarada Juan Vicente, quien estaba recién graduado de ingeniero, y nos dio una clase magistral.

De aquel encuentro a este momento, pues, pasaron sesenta años. Me recibe en su austero apartamento que queda cerca de la Plaza Venezuela. Juan Vicente tiene ya 84 años, de mediana estatura, ojos vivaces, lucidez absoluta, y con dificultades para hablar por un problema en la garganta.

 Pero esto no es impedimento para que sea él quien más hable, quien más se explaye en los recuerdos y sin parar aborde los más disímiles temas. Me muestra los libros que está revisando en ese momento, uno de ellos de Carlos Irazabal.

 Me habla de su pueblo Tucupido de donde es mi comadre Gisela Barrios. Me dice que él y Gisela se conocieron de niños. Me refiere Juan Vicente que está escribiendo sus memorias, que comienzan en los llanos. Que apenas va por la caída de la dictadura de Pérez Jiménez.

Me dice cómo fue que fundó las guerrillas de El Charal; yo recuerdo una portada de la revista Elite en la que aparece una foto de Juan Vicente y un titular terrible que decía “Este es Comandante de la mira telescópica” Lo pintaban como a un asesino.

Me habló de Fabricio Ojeda, de Luben Petkoff y de otros personajes que estuvieron por la zona donde él dirigía aquellos grupos armados. Me contó que Douglas Bravo tenía un comportamiento extraño, casi siempre poniendo al descubierto los planes revolucionarios que involucraban a civiles y militares.

 Y supe, por ejemplo, que Douglas nunca estuvo en Cuba. Fidel debió desconfiar de él. Me contó, igualmente, que cuando llevaron a Fabricio al Panteón, se encontró con la fiscal Luisa Ortega Díaz, y que en cuanto lo vio se le cuadró y le dijo a”- a sus órdenes, Comandante” Fue el momento en el que Juan Vicente le pidió a la fiscal que le entregara el expediente que sobre sus actividades subversivas reposa en los archivos de la vieja DISIP, y Luisa Ortega quedó en entregárselo sin demora, pero ahora con lo que ha sucedido, con la Fiscal pasada a la derecha, él lo ve como algo imposible.

Me contó Juan Vicente muchos de los sucesos en que se vio envuelto en las décadas de los sesenta y setenta. Sus viajes a China, a Vietnam, a Cuba y a Moscú. Conoció personalmente a Võ  Nguyên  Giáp, y escuchó sus recomendaciones sobre la lucha revolucionaria que debería desarrollarse en Venezuela. Yo le dije:”Juan Vicente, tú tienes el tipo vietnamés, puedes pasar por uno de ellos sin problema”

Uno de los graves problemas de la lucha guerrillera en Venezuela, me dijo, fue haber copiado el modelo cubano, que en la forma como se desarrolló en el campo nuestro no tuvo casi o ningún apoyo de los campesinos.

Hablamos como dos horas. Fue el domingo 18 de junio, cuando me sumergí en tantos recuerdos, nostalgias, sentimientos, aquella época de mi adolescencia en San Juan de los Morros en la que despertó en mí, por primera vez, el interés por los valores de la patria y la lucha social.

Fue aquella época tan hermosa, en la que creímos que nunca moriríamos y en la que estábamos llamados a hacer grandes proezas en beneficio de la liberación nacional.

Autor:  José Sant Roz

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