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Gustavo Oval: Un titiritero entre nosotros 

San Juan de los Morros.- Gustavo José Oval, nacido en Caracas el 13 de agosto de 1948, es de esos pocos personajes de quienes conservamos gratos recuerdos a pesar de haberlo conocido en esos años donde es poco a lo que se le presta verdadera atención.

A aquel hombre que nos ayudó en varias obras de teatro durante nuestra época de liceísta, lo encontramos en la casa de su compadre Rafael Pérez, metidos ambos en una intensa sesión de documentación y preparación general para un futuro proyecto teatral. Agradecemos la pausa que nos concede para así hablar un poco sobre su vida, sus inicios en el arte, y como llegó acá a San Juan de los Morros.

Comenzó haciendo títeres en los años 50, cuando una señora llamada Elibeth Hernández, madre de un amigo suyo, se le acerca y le dice que está dictando un taller de títeres “por el banco obrero, allí en los espacios que están vacios en frente del bloque 35”, eran para aprender la profesión, le dijo la señora, cuando el pequeño Gustavo pregunto qué era eso.

Dijo que si iría, pero incumplió su promesa, y cuando la señora Hernández le insistió nuevamente en que fuera, le soltó una de muchacho atrevido y dijo “coño señora, o usted está enamorada de mí, o algo le pasa, eso a mi no me gusta”, ella muy ofendida le dijo que no tratara a los títeres así, que se podía vivir de eso y era una buena profesión.

Conciencia o curiosidad, pero Gustavo porfín decidió acudir tres días después de ese encuentro. Por ese camino siguió, y de las otras 20 personas que comenzaron el taller, solo él siguió cultivando este arte, “por eso es que no se puede decir que de esta agua no beberé”, nos comenta.

Elibeth Hernández trabajaba también en el Grupo Tilingo, un grupo artístico formado por profesionales con hasta dos décadas de experiencia con títeres, ahí comenzó a trabajar junto con Óscar Ibarra en la hechura de los escenarios para las obras de títeres. A los dos meses recibe su primer cheque, uno del Banco Unión por 50 bs, y el muy agradecido, nos comenta que se lo llevo a su mamá para que administrara las ganancias, porque “siempre he sido malo administrando el dinero, antes se lo daba a mi mamá y luego a quienes fueron mis esposas”.

La misma profesora Hernández un día le avisa de una vacante en el grupo Guiñol Guácharo, en la Quinta Arvelo en San Martín, que su Hermana Esther ya trabajaba allá y le había avisado de él. El día que decidió ir, lo recibió José León, el director del grupo, con el que conversó un rato antes de reunirse con los otros miembros: Esther Hernández, José Elcure, José “El Enano” Rodríguez, Rosa Doudier y Sonia Vázquez. Su recibimiento no fue muy cálido, varios miembros estaban reticentes a aceptar nuevos porque Marcos Duarte, quien había dejado el puesto libre, no los había abandonado sino que estaba becado por el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes para estudiar en New York.

Le dieron un libreto para que leyera un personaje y al terminar, Rosa Doudier fue muy vocal con su opinión al decir “¿este es el famoso que tendremos por Marcos Duarte?, ¿este que no sabe leer?, ¿que es un analfabeta?, ¿osea que nosotros nos lo tenemos que calar?”.

Un golpe fuerte para quien apenas se iniciaba en los caminos serios de la profesión, alguien que estaba comenzando y solo quería aprender, pero Oval no estuvo solo, José León se levanto y les dijo a los demás “vamos a hacer un trato: denme tres meses, si en tres meses yo no hago que Gustavo sea un titiritero, yo me voy con él, renuncio ante el Inciba como director”, e inmediatamente aceptaron.

 Ahí comenzó un entrenamiento arduo de dicción y manejo de marionetas, todos los días desde las 10 de la mañana hasta las 7 de la noche. Un mes después, el grupo tenía que realizar una función de “El Ratón de las Orejas Azules”, pero su protagonista, el “Enano” Rodríguez, no estaba disponible.

Oval, que estaba encargado de preparar el escenario, fue de los que se sobresaltaron al escuchar a José León decir “lo va a hacer Gustavo, tranquilícense, dejen los nervios, les va a dar una vaina, yo sé lo que traje, lo que tengo en las manos”, nuevamente Rosa Doudier expresó su descontento, diciendo que iban a hacer el ridículo, y los demás preparándose para cualquier cosa.

 José León le guiña un ojo a Gustavo y le dice “la tarde es tuya, trágatelos”. Al terminar la función y ver que de hecho fue lo opuesto a un desastre o al ridículo, los miembros del grupo parecían querer evitar tener que decir algo, hasta que León les reclamó diciendo “díganle algo a ese muchacho, para que siga mejorando y haciendo las cosas bien”. Ese fue su primer paso como profesional de los títeres.

Al teatro de personas se dedicó tiempo más tarde, sin nunca abandonar a los títeres. Un día Gustavo le comenta a José León acerca de una tragicomedia de García Lorca llamada “El Retablillo de Don Cristóbal” y le sugiere combinar en escena a títeres con personajes interpretados por personas, y que él quería ser uno de “Los Poetas”, los personajes representados por personas reales, “¿Y tú te lo sabes Gustavo?, todo?”, y él respondió que sí.

Su idea fue aprobada y así dio sus primeros pasos en este otro tipo de teatro. En Caracas hizo varias obras, pero el siguiente gran paso fue cuando José León le dijo que necesitaban un titiritero en el Complejo Cultural Rómulo Gallegos en Porlamar, pero que la candidata que tenían no podía mudarse a Margarita, y que ahí al sitio donde estaban pronto  llegaría Pedro Barreto, esperando ya una respuesta definitiva. Cuando llega, León le dice que ya tenían el candidato ideal: el, Gustavo Oval.

Acepte, y me fui para Margarita, ahí fue donde de verdad comencé a hacer teatro, siendo mi primera obra una pieza de César Rengifo: “Estrellas Sobre El Crepúsculo”. Luego me regresé para Caracas donde seguí haciendo teatro, y en el año 1981 llego aquí a San Juan.

 Aquí en el Valle del Paurario, empieza a trabajar en el Ministerio de la Juventud como Coordinador de Cultura, y Luis Eduardo Bastidas le pregunta si conoce a un personaje interesante llamado Rafael Pérez, Oval le responde que no, que apenas es un recién llegado. Así, lo llevan a conocer a Rafael, quién estaba achinchorrado en su casa, y le Oval le dice “¿quieres trabajo?, ¿conoces el Ministerio de la Juventud?, vístete y vamos, que allá te daremos trabajo”, y de un encuentro tan singular, consiguió a uno de sus amigos más cercanos.

Su otro trabajo al llegar a San Juan, fue como Instructor de Títeres en la Casa de la Cultura, aunque este organismo no le era desconocido, ya que diez años antes, Argenis Ranuárez, el entonces director de la Casa de la Cultura, le había invitado a través del Inciba para traer el teatro de títeres a la capital guariqueña.

Hoy en día, Gustavo José Oval está jubilado por sus más de 30 años de servicio, aunque aún sigue dando talleres de teatro y de títeres a través de la Plataforma de la cultura. Nos despedimos, y lo dejamos junto a su compadre y al proyecto sobre Francisco de Miranda que ambos están preparando.

*Pasante ECS /Unerg

Diego Ranuárez

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