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Benigno Alarcón: “la MUD es más grande que la suma de sus partes”

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Entrevistado por: Hugo Prieto / Prodavinci

Venezuela se encuentra en un punto, en un momento, absolutamente dilemático. O el gobierno se “autocratiza” o permite una transición política. Las dos opciones están abiertas. Benigno Alarcón, director del Centro de Estudios Políticos de la UCAB, aborda esta disyuntiva. Mira en una dirección y otra. El liderazgo opositor tiene importantes desafíos en el futuro inmediato. Las fallas de liderazgo, la semejanza de iguales, paradójicamente, dificulta la dinámica política. Un problema que debería procesarse mediante acuerdos de gran calado.

Peligrosamente, se han dado pasos, cada vez más frecuentes y de mayor alcance, que ponen en entredicho el papel neutral que en el juego político deben observar instituciones del Estado como el CNE y el TSJ. Pero no porque se postergue o se enmascare momentáneamente, el conflicto se acaba. No. Simplemente busca otras vías de solución. Quieran o no, la situación política interpela, increpa a las Fuerzas Armadas, cuyo papel debe ceñirse a lo que contempla la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

La oposición ha puesto todos los recursos —políticos, propagandísticos, comunicacionales, logísticos— alrededor del Referendo Revocatorio. Pero esta no es la única carta en la mano. ¿Vale la pena jugársela todo o nada? ¿O hay otro marco referencial?
En este momento, la oposición entiende —entre otras cosas por la propia debilidad del gobierno— que puede impulsar una transición política. Y por el otro lado, el gobierno advierte, en esa transición, una amenaza, ¿por qué? Porque dentro del gobierno hay actores que tienen costos muy elevados de salida. Esta situación suele presentarse en muchas transiciones. La gran pregunta que se hacen esos actores es ¿qué va a suceder conmigo si esa transición se da? Actualmente, tenemos una oposición que busca esa transición por todos los medios, el principal de ellos, que puede generar mayor apoyo, mayor movilización de la gente, es el revocatorio, mientras que el gobierno, en paralelo, trata de hacer lo contrario, trata de “autocratizar” el proceso. Para que se entienda de lo que estamos hablando. Hasta hace muy poco, el gobierno fundamentó su legitimidad a través de procesos electorales. El gobierno entendía que gracias al carisma de Chávez y a la abundancia de recursos provenientes del petróleo, tenía dos bases de sustentación muy poderosas. Y eso le daba una ventaja competitiva. Al perder esa capacidad (por razones ampliamente conocidas), el régimen elige el camino autoritario. ¿Qué ocurre al final del día? Que este proceso es un continuo, donde el gobierno trata de cerrar toda posibilidad de cambio político y donde la oposición trata de impulsar una transición democrática. ¿Va a agotarse esto en el Referendo Revocatorio? No. Si el referendo es exitoso, pues se materializará esa transición política, a través del acto de revocar a Maduro y, posteriormente, de una elección presidencial, pero si no se diera, de alguna manera la lucha tiene que continuar.

Si esto es un “continuo”, como acaba de decir, pues nadie lo ha planteado en el terreno de la comunicación. Nadie ha dicho, por ejemplo, que el objetivo principal de la oposición es lograr la transición política, y un eslabón de ese proceso es, precisamente, el Referendo Revocatorio. ¿No cree que eso es fundamental para que la gente entienda y visualice el momento político en el cual estamos?
Una de las cosas que pudiera estar fallando aquí es el tema de un liderazgo único. Cuando tú manejas la comunicación y tienes líderes de distinta tolda, de distintas características, de distintas colores, unificar un mensaje coherente se vuelve tremendamente complicado. Un requisito básico —en cualquier proceso de transición— es que las fuerzas opositoras tienen que resolver el problema del liderazgo. No todos los procesos han sido una copia del otro. Pero hay elementos comunes que se repiten. Por ejemplo, cuando se dio la transición en Suráfrica, después de muchos intentos de salir del gobierno de minoría blanca, la oposición entendió que faltaba algo y tenían que manejar las cosas de forma distinta. Una de las primeras cosas que hicieron fue reconocer un liderazgo único, colocarse todos bajo un mismo paraguas, independientemente de sus preferencias, y ese papel lo jugó Nelson Mandela. A partir de ahí se pudieron negociar varias cosas. Una, la propia libertad de Mandela. Dos. ¿Qué podría ocurrir con los actores del gobierno si se daba un cambio político?, y esto con la vocería de Mandela. Tres. ¿Qué pasaba con la oposición si se daba el cambio de gobierno? Mandela acordó que no se iba a barrer con la burocracia blanca del gobierno, ni con los altos mandos militares, ni que iba a haber una cacería de brujas en el futuro. Mandela cumplió su palabra y negoció, con los factores que lo apoyaban, que los cargos políticos iban a ser distribuidos de una manera determinada y él, como presidente, no iba a buscar un segundo mandato. A pesar de que su popularidad era altísima, de que lo querían tanto blancos como negros, él renunció a un segundo mandato.

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Benigno Alarcón Retratado por Roberto Mata

La ausencia de un liderazgo único es, por decirlo de una forma, una falla de origen de la oposición venezolana. Si bien se han hecho esfuerzos, son insuficientes. Y los hechos lo corroboran. Parece que ese asunto incomoda a cierto liderazgo opositor, parece que esto, visto como problema, no tiene entidad política de peso. Pero “resulta y pasa” como diría cualquier transeúnte que el tema del liderazgo es condición sine qua non para alcanzar el objetivo político. ¿Si esto es una lección del ABC por qué ha costado tanto ese aprendizaje?
Una cosa, aunque suene extraño en medio de lo que está sucediendo, es que las diferentes fuerzas políticas de oposición están en situación de equilibrio. ¿Qué quiere decir esto? Que ningún liderazgo, que ni ningún partido político, tiene la fuerza suficiente para imponerse sobre los otros. Siendo así, todos asumen que puede jugar el papel de liderazgo. Pero la MUD es más grande que la suma de sus partes —de hecho, nadie quiere dejar la unidad y todos saben que la unidad es más grande que su parcela política—. Todos los partidos están en una situación de semejanza —en relación al número de seguidores o a la cuota de poder que detentan—, en esa situación, digamos, de igualdad, cada uno cree que puede ganar. ¿Qué genera esto? Lo que algunos economistas llaman un dilema de prisioneros” y en ese dilema el equilibrio es que la gente no coopere. La única manera de cooperar es “sí y sólo sí” existen acuerdos muy bien amarrados, acuerdos que sean convenientes para todos, acuerdos que hagan que si alguien se sale pierda mucho más de lo que termina ganando.

Esa misma lectura la está haciendo el gobierno.
Absolutamente.

El gobierno ha tomado decisiones fundamentales en los momentos de crisis de la oposición. En coyunturas donde advierte que la falta de colaboración es evidente. Allí están las declaraciones “inoportunas”, por llamarlas de algún modo, del señor Timoteo Zambrano. Pero además está a la vista —y obviamente en las encuestas— qué lugar ocupa cada partido político y las preferencias de cada uno de los líderes opositores. Justamente, en este momento, el CNE da a conocer las fechas y las condiciones en que se va a recabar el 20% de las manifestaciones de voluntad del Referendo Revocatorio. Entonces, ¿cómo es que se sigue en esta guerra de desgaste dentro de la oposición y de la oposición con el gobierno?
No creo que la oposición esté en su peor momento en cuanto a divisiones. La oposición, quizá, está más unida de lo que ha estado en otros momentos. La pregunta que uno se hace, recurrentemente, es ¿qué falta? Y una de las cosas que falta, precisamente, es definir un liderazgo único. Y cuando defines el liderazgo único viene algo que no es menos importante: una estrategia única a seguir. Buena parte de las grandes discusiones que se arman en la oposición es ¿qué camino seguir? Y también la cuestión estratégica, entre otras cosas, porque cada quien siente que si impone su estrategia también impone su liderazgo. Y aquí, lo fundamental, es tratar de visualizar una sola ruta estratégica, donde todos contribuyan, donde todos aporten. Ese desprendimiento es lo que se ha vuelto tremendamente difícil, porque todos sienten que están demasiado cerca de poder ser el líder que logre ese cambio.

La respuesta pudiera leerse como una reiteración de lo que dijo anteriormente. Pero el planteamiento que le hago es otro. El gobierno, en su debilidad, en ausencia de lo que antes le sirvió como base de apoyo, es capaz de “leer” las fallas de la oposición y sacar ventajas. Es muy curioso que esas fisuras sirvan para fortalecer al gobierno.
Da la impresión de que el gobierno está haciendo estas mismas lecturas y las hace muy bien. Pero allí hay un factor importante que deriva de las crecientes diferencias, cada vez más visibles, incluso hasta evidentes, que hay en el gobierno. Pero volvamos al tema fundamental, al tema estratégico, por lo menos a la presente fecha, todo el mundo (en la nomenclatura chavista) está cohesionado. ¿Qué quiero decir con esto? Para el gobierno es fundamental que no lo saquen del poder. Y permitir un Referendo Revocatorio en 2016 no significa solamente la salida de Maduro, significa la salida del gobierno en su totalidad. Por esa razón, todas las facciones están totalmente de acuerdo en que “no se puede permitir la salida de Maduro, porque eso implica mi propia salida. Y eso le da al juego, en el campo del oficialismo, cierto nivel de coherencia. La pregunta que yo me hago es qué va a suceder después del 11 de enero, cuando la salida de Maduro no signifique la salida de todos. Creo que eso hay que monitorearlo muy bien. Pudiera suceder que a partir de esa fecha, varias facciones del chavismo se enzarcen en una lucha entre ellas para tratar de controlar el poder en los próximos dos años. Para tratar (uno) de reposicionarse y ganar las próximas presidenciales. O, (dos) en el peor de los casos, ganar tiempo y acordar una salida con el menor costo posible.

O un tercer caso. Que el chavismo tenga juego político. Que tenga futuro. Esto también entraría en las probabilidades, en las variables a tomar en cuenta.
Yo creo que ese tercer caso está implícito en el primero. En la idea (para el chavismo) de reposicionarse y que pueda ganar una elección posteriormente. Esa podría ser su opción. Pero si a una de esas corrientes no los dejan jugar y no les permiten apostar por un liderazgo que tenga esas características, pues lo más probable es que terminen deslindándose del gobierno y montando tienda aparte.

No quisiera introducir este elemento, pero lo cierto es que dentro del chavismo está jugando “el partido histórico”. Es decir, la Fuerza Armada. El papel que van a jugar los militares dentro de la crisis del chavismo y en una probable transición es fundamental.
Pero ese elemento, que no quieres introducir, juega un papel muy importante. Yo creo que ante la desaparición de los árbitros naturales de una democracia (en el caso de Venezuela, tanto el Consejo Supremo Electoral como el Tribunal Supremo de Justicia, porque ambos juegan a favor del gobierno), la pregunta que surge es ¿dónde recae el arbitraje? Si sacas el juego del campo institucional, del campo electoral, de la medición, del Referendo Revocatorio que está contemplado en la constitución…

… Dígalo. Si lo sacas del campo civil.
Efectivamente del campo civil. Si los sacas de los mecanismos que están establecidos para resolver este tipo de conflictos, eso no significa, ni mucho menos, que el conflicto desaparezca. Alguien pudiera pensar, eliminado el referendo, eliminado el conflicto. No. La realidad es que el conflicto sigue presente, sigue estando allí, todos los días, y además, sigue agravándose. Siendo ese el escenario (la ausencia de mecanismos establecidos), la gente, los partidos políticos van a buscar otra vía para solucionarlo. Ese camino no necesariamente es ilegal o ilegítimo, puede ser legal, puede ser legítimo, pero a lo mejor fuera del campo de la medición electoral, a lo mejor es el camino de la protesta en la calle, que también está contemplado en la Constitución. Y entonces ahí el arbitraje cambia. ¿Llegado ese momento quién es el árbitro? Uno de los árbitros, uno de los más importantes, va a ser la Fuerza Armada. En una situación de continuas protestas en la calle y de un deterioro acelerado de la gobernabilidad, la Fuerza Armada tiene que decidir entre jugar un papel institucional, donde diría “yo no puede reprimir a la gente injustificadamente, porque mi papel es defender la Constitución”, eso sería una posición institucional, o plegarse a quién está en el poder y protegerlo para que siga allí, porque además, “yo soy parte del gobierno”. Y esa es una posición donde la Fuerza Armada sale de su rol, de su propia naturaleza, y donde se deslegitimaría a una velocidad increíble. De hecho, eso es lo que muestran las encuestas. Los niveles de legitimidad de la Fuerza Armada, no tienen nada que ver con los niveles que tenía en el pasado. Es una posición muy delicada. Si entra a reprimir para mantener el gobierno, eso es una escalada que no se detiene y a unos costos cada vez mayores. Si decide el rol de neutralidad institucional, pudiera jugar un papel más positivo, que al final permitiría retomar una solución política a todo el conflicto.

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Benigno Alarcón Retratado por Roberto Mata

No quería introducir ese elemento, porque ante lo que acaba de decir, tengo que hacerle una repregunta. Viéndolo en términos objetivos, sacando la paja del grano, la Fuerza Armada no solamente podría recuperar la percepción de legitimidad que tenía en el pasado, sino mantener los privilegios que ha acumulado en estas casi dos décadas de gobierno chavista. Si hay alguien que reconfiguró el papel de las Fuerzas Armadas dentro el Estado y, en alguna medida, en su relación con la sociedad civil, fue Chávez. Podría incluso reforzar esos privilegios en una eventual transición. ¿Cuál es su opinión?
A ver. Del tema Fuerza Armada presumo que algo sé. No tanto como quisiera porque tengo años alejado de ella. Pero yo soy egresado del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional, tengo una maestría en Seguridad y Defensa, durante un tiempo dicté clases a muchos militares y posteriormente hice cursos en el exterior. De modo que este tema no me es ajeno. ¿Qué termina sucediendo al final del día? Yo creo que la sociedad civil no quiere que la Fuerza Armada juegue un papel donde termine imponiendo una solución. Ese no es el rol que se espera. Quizás algunos pudieran pensar que si la Fuerza Armada da un golpe, el 85% de quienes se muestran descontentos, saldría a celebrar. A lo mejor esto, hasta sucedería. Pero lo que seguramente podría ocurrir es que ese mismo 85% del país estaría reclamando elecciones para escoger presidente. Entonces, el papel de imponer una solución no creo que le competa ni que sea el más adecuado para la Fuerza Armada. Yo creo que la sociedad venezolana lo que espera es que la Fuerza Armada asuma el rol que le corresponde de acuerdo con la Constitución. Y, básicamente, repito, es un rol de neutralidad institucional. Ese papel no necesariamente tiene que ser pasivo, sino que puede ser activo. Si la Fuerza Armada le comunica claramente al gobierno “nosotros no estamos a su lado de manera incondicional, nosotros estamos a su lado siempre y cuando se respete la Constitución, nosotros no vamos a reprimir a la gente que salga a pedir soluciones, sino que vamos a proteger a la gente que sale a pedir soluciones”, entonces el gobierno se tiene que colocar en una posición completamente distinta, y esa posición, posiblemente, sea más abierta a una negociación, a un acuerdo que abra la válvula de la transición política. Pero mientras un gobierno dé por hecho que tiene el apoyo incondicional —apegado o no a la Constitución— de la Fuerza Armada, pues no tiene ningún incentivo para negociar una solución política. Caso contrario, la cosa cambia. Y yo tengo la impresión que, de alguna manera, este gobierno ha sentido que el apoyo de la Fuerza Armada pudiera ser incondicional.

¿No cree que la oposición debería hablarle a la Fuerza Armada?
Yo creo que cualquiera que pretenda encabezar un liderazgo alternativo en Venezuela tiene que hablarle a la Fuerza Armada. Al igual que le habla al resto del país. ¿Por qué? Porque la Fuerza Armada también se pregunta qué va a pasar con ellos después de un proceso de transición política. Entonces, hay que tener una visión de la Fuerza Armada. Hay que tener una propuesta, un planteamiento. La Fuerza Armada, como colectivo, también tiene sus propios intereses.

¿Usted cree que en Venezuela estamos en una transición política?
No, yo creo que no. Creo que estamos en un punto, en una disyuntiva, entre una transición autocrática o una transición democrática. La oposición trata de empujar una transición democrática y el gobierno percibe en ello una amenaza y entonces trata de ganar estabilidad autocratizándose. Hay mucha literatura académica alrededor de este punto. Cuando los gobiernos de esta naturaleza se autocratizan se vuelven más estables. Y lo logran mediante el absoluto control. ¿Va a haber elecciones? Posiblemente sí, pero bajo los parámetros que imponga el gobierno. Cuando el gobierno lo quiera y como lo quiera hacer y con los candidatos con los que el gobierno quiera competir. ¿Un candidato con posibilidades de ganar? Se inhabilita o se le pone preso. ¿Un partido político competitivo? Se ilegaliza o se le saca del registro.

Parte de esa secuencia tiene asidero en los hechos. Está pasando.
¿Las elecciones a gobernadores se pudieran perder? Se pospone. ¿El referendo se puede perder? Tratemos de impedirlo. ¿La MUD es un problema? En el TSJ se introdujeron varios recursos para ilegalizar a la MUD.

El momento es absolutamente dilemático. ¿Qué debería hacer la oposición para que esa transición tenga atributos democráticos?
Yo creo que los caminos institucionales, la posibilidad de medirse electoralmente, están llenos de obstáculos y va a ser muy difícil medirse a través de ellos. Siendo mayoría hoy, a la oposición le toca comportarse como mayoría. Y eso significa expresar esa mayoría en todos los caminos que tenga disponibles. Los procesos de transición —y esto aunque sea teoría vale la pena repetirlo en cada oportunidad que uno tiene— se dan cuando los costos de reprimir son muchos más altos que los costos de tolerar el cambio. Entonces, la oposición tiene que trabajar en dos estrategias fundamentales. Uno, movilizar a la ciudadanía, movilizar con inteligencia, coherentemente, ¿por qué? En la medida en que la gente se moviliza, los costos de reprimir son mucho más altos. En la medida en que la agente asume una posición más activa en defensa de sus derechos, se vuelve mucho más complicado reprimir. Y la segunda estrategia pasa necesariamente por bajar los costos de tolerar el cambio. Y eso implica un proceso de negociación. La protesta y la negociación no son excluyentes. Hay que trabajar en ambos frentes, en paralelo.

Fuente: Prodavinci

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